25/07/2026
En Honduras hay 128 diputados. Solamente tres son garífunas.
Podemos cuestionarlos, pedirles explicaciones y reclamarles mayor acción. Pero concentrar toda nuestra frustración contra esos tres, mientras los otros 125 diputados permanecen fuera de la discusión, no es estrategia.
El problema del pueblo garífuna es mucho más profundo.
San Juan, Triunfo de la Cruz, Punta Piedra, Cayos Cochinos y Tornabé representan una lucha histórica por territorio, cultura, dignidad y supervivencia.
Durante décadas hemos exigido titulación, saneamiento, protección, justicia y cumplimiento de sentencias internacionales. Sin embargo, seguimos reaccionando cada vez que llega un nuevo desalojo, una amenaza, una criminalización o un ataque contra nuestras comunidades.
Por eso propongo algo diferente:
Convocar una Asamblea General Garífuna.
Una asamblea seria, representativa y organizada, donde participen las comunidades, la diáspora, los profesionales, las mujeres, los jóvenes, los artistas, los deportistas, los empresarios y las organizaciones garífunas.
Necesitamos una estructura jurídica permanente para defender nuestros territorios.
Necesitamos cooperativas de ahorro y crédito, fondos de inversión, empresas comunitarias, becas, proyectos de salud, educación, vivienda, pesca, agricultura, turismo y tecnología.
Necesitamos poder económico, poder político y una agenda construida por nosotros mismos.
La tierra no es solamente una propiedad para el pueblo garífuna.
Es el espacio donde viven nuestra cultura, nuestra lengua, nuestra espiritualidad, nuestra memoria y nuestro futuro.
229 años de resistencia deben habernos enseñado algo: exigir sin organización no es poder.
Aura buni, amürü nuni.
La Asamblea General Garífuna es la ruta.
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