13/05/2026
A los 21 años, era modelo en París. Fumaba tres paquetes de ci*******os al día, no comía más que café y aspirinas, y pesaba 45 kilos. Las agencias me decían: "Cameron, si engordas un kilo, te despido".
Mi padre, un petrolero que trabajaba en el Golfo de México, apenas estaba en casa. Mi madre, una broker de importación, nos crió a mi hermana y a mí. Eran años de viajes infructuosos, de mudanzas, de no tener una casa fija.
Un día, un cazatalentos me vio en una fiesta y me ofreció un papel en "La máscara" con Jim Carrey. Yo no sabía actuar, no sabía nada. Fui a la audición, leí el guion sin entenderlo del todo, y me dieron el papel.
De repente, era famosa. "Los Ángeles de Charlie", "Algo pasa con Mary". Me llamaban "la chica más guapa del mundo". Y yo seguía siendo la niña que no comía por miedo a engordar.
Empecé a tener problemas de salud: fatiga crónica, ansiedad, ataques de pánico. Me diagnosticaron síndrome del intestino irritable y depresión. Estuve a punto de retirarme a los 35.
Un día, le dije a mi agente: "No quiero hacer más películas por un tiempo". Se rió. "Estás loca, estás en la cima". Le contesté: "La cima me está matando".
Me fui a vivir al campo. Cultivé vegetales, aprendí a cocinar, empecé a meditar. Me saqué un título en nutrición. Escribí libros de salud. Descubrí que lo que mi cuerpo necesitaba no era ser delgada, era ser fuerte.
Hoy, a los 53 años, estoy retirada del cine. Soy madre (a los 47, por gestación subrogada), esposa, cultivadora. El mundo me pregunta si volveré a actuar. No lo sé. Lo que sé es que jamás volveré a medir mi valor por mi peso.
La belleza es un negocio que vende inseguridad. Yo dejé de comprar ese producto.
Si hoy te miras al espejo y te odias, no eres tú. Es la industria. Apaga las redes sociales, mira tu cuerpo, agradécele por mantenerte viva. Eso es la verdadera belleza.
— Cameron Diaz