03/06/2026
Hace 7 u 8 años corría porque tenía que hacerlo. Hoy corro porque quiero hacerlo.
Cuando entré a la Academia de la Policía Municipal, no sabía absolutamente nada de running. Si soy honesto, ni siquiera me gustaba correr. Lo hacía porque era parte del proceso.
Recuerdo que muchos pensábamos, medio en serio y medio en broma, que nuestro capitán quería formar atletas más que policías. Corríamos en la pista, en el Viejo San Juan, en La Cambija, en el Parque Monagas. De 2 a 3 millas casi todos los días y hasta 7 o 10 kilómetros en algunos entrenamientos.
En aquel momento solo veía el esfuerzo. No entendía el propósito.
Hoy, años después, miro hacia atrás y veo que Dios estaba construyendo algo mucho más grande que resistencia física. Estaba formando disciplina, carácter, perseverancia y una mentalidad diferente.
Lo que antes veía como una obligación, hoy se ha convertido en una pasión.
El running me ha enseñado sobre salud, constancia, paciencia, entrenamiento inteligente, zonas cardíacas, cadencia y mucho más. Pero sobre todo me ha enseñado que muchas veces las cosas que menos disfrutamos en una etapa de nuestra vida son las que más nos preparan para la siguiente.
En este Día Nacional del Running, agradezco cada proceso, cada milla, cada reto y cada persona que fue parte del camino.
Una vez más Dios me demuestra que nada es casualidad. Todo tiene un propósito.
Y aunque todavía no sé exactamente qué tiene preparado para mí en esta etapa del fitness, sí sé algo:
Cada experiencia que vivimos está construyendo a la persona que estamos llamados a ser.
Lo que ayer hacía por obligación, hoy lo hago con pasión. Y en ambos procesos, Dios estaba formando a la misma persona.
🏃♂️