09/07/2023
En la escuela nos frustrábamos en reproducir fielmente las columnas salomónicas que adornaban su entrada, y nos empecinábamos en pintar en amarillo sus paredes y verdes su puerta y ventanas, tal cual aparecían en los manuales de historia. Sin embargo la casa histórica fue víctima de la indiferencia y la desidia, que provocarían su demolición y su reconstrucción, muchos años después.
Cuando se declaró la independencia, la dueña de la casa de la calle del Rey era ya una mujer que había pasado los setenta años. Se llamaba Francisca Bazán de Laguna y había nacido en Tucumán por 1740.
La casa fue construida por 1760. Concebida como una residencia señorial, del zaguán de entrada se pasaba a dos ambientes; luego, se accedía a un primer patio, estaba rodeado de las habitaciones que ocupaban la familia, y que incluían la sala y el comedor. Después de traspasar tres salones, se llegaba a un segundo patio en el que se encontraban las dependencias para el personal de servicio, la cocina, el pozo de agua y las letrinas; el terreno finalizaba en una huerta.
En febrero de 1816 comenzaron a acondicionarla. Gracias a comprobantes de pago de materiales guardados en el archivo histórico local, se determinó que el frente se pintó con cal y las aberturas de azul prusiano, que simbolizaban los colores de la bandera. Bulacio aclaró que en 1816 "las paredes no estaban pintadas de amarillo ni las aberturas de verde".
Para el salón de las deliberaciones de los diputados, se eligió uno de los comedores. Para hacerlo más amplio, se demolió una pared de adobe, con lo que se amplió su capacidad.