11/10/2022
EL JUEGO DE MUDARSE
Hay objetos que, con el tiempo, adquieren un valor emocional que los pone muy por encima de cualquier otro, que nos recuerdan a personas que queremos mucho o a momentos en los que fuimos felices. Cada uno de nosotros tenemos alguno que cumple esas características, cualquiera sea: una
muñeca o un autito con los que jugabas, la remera de egresados del colegio, el cuaderno donde escribías tus ideas y secretos.
Pero en primer lugar están los juguetes.
Siempre, siempre, están ahí.
Muchas personas guardan sus juguetes más queridos con la intención de pasárselos a sus hijos como una manera de afianzar los lazos familiares y, ¿por qué no?, una nueva oportunidad para volver a jugar con ellos.
Otros tienen la vocación de darles a sus amados juguetes una segunda oportunidad, a lo Toy Story: "Ese gran muñeco que me dio tantos buenos momentos y esta en perfecto estado, voy a dárselo a alguien que lo sepa querer tanto como yo".
Mi hija Aurelia no puede regalárselo a cualquier persona, o donarlo a una organización. Busca a alguien que pueda adoptarlo como si fuera una mascota. Alguien a quien, tal vez, pueda seguirle la pista, para saber de ese peluche que tanto adora.
Hay casos en que la búsqueda de un hogar para los juguetes pueda llevar años y, a veces, toda la vida.
Recuerdo a una clienta que se mudó sólo para tener una habitación más y poder guardar todos los juguetes que les había regalado a sus hijos.
Es que sin dudas, hay objetos que, con el tiempo, adquieren un valor emocional que los pone muy por encima de cualquier otro.
Mudarse a la vida que uno quiere es llevarse con uno lo que uno quiere.
Eso no se negocia. Para lo demás, un buen agente inmobiliario.
¿Y vos, qué hiciste con tus juguetes?
Para tomar buenas decisiones se precisa buena información.
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