17/04/2014
¿CRÉDITO = AHORRO ANTICIPADO?
La respuesta a esta preguntita no tiene nada que ver con las definiciones tradicionales, sabihondas y académicas que se ven en informes, libros, simposios y sanedrines económicos.
¿Qué es un crédito para el tipo común, de a pié, que viaja en bondi y que los domingos raviolea en lo de la vieja?
Un crédito no es ni más ni menos que un AHORRO ANTICIPADO.
Veamos.
Hace un calor de mil demonios. Juan, Susana y dos hijos viven en el último piso de un edificio y Febo cocina sin piedad la losa del techo. Viven en un horno, literal. El ventilador del techo mueve aire caliente.
Juan decide que necesitan un aire acondicionado. Nada fashion, uno para poner en la ventana. O a lo mejor uno de esos que vienen separados y que no se necesita hacer un agujero enorme en la pared. Valen como $.5.000 mas la instalación.
Piensa en cuánto puede ahorrar por mes si hace alguna horita extra más los pesitos que junta ella trabajando medio día. Como $.500 podemos juntar, piensa. Se imagina ponerlos en una lata y cuando junte unos $.6.000 van a ir con el dinero a comprarlo y listo.
Ya lo tiene decidido y lo habla con su mujer. Claro, hay que esperar más de un año, pero cuando llegue ese verano el calor será historia.
Escenario 1:
Juan y Susana tienen que esperar más de un año para ahorrar lo necesario para acceder al dichoso aparatito.
Al cabo del año juntaron el dinero pero el split vale ahora $.6.500, gracias a la inflación.
Escenario 2:
Juan y Susana van al banco donde le depositan el sueldo a él, porque ella trabaja en negro, y preguntan por un crédito personal a descontar por planilla. Se lo darían en el acto a devolver en 36 cuotas. Para el banco riesgo casi 0, tasa baja.
Van a la casa de electrodomésticos y averiguan que se lo financian con recibo de sueldo y DNI, pero más caro que el banco. Claro, riesgo alto tasa alta.
Vuelven al banco, obtienen el crédito y compran al contado el acondicionador; encima logran un descuento del 10% por pago con la tarjeta que el banco le dio a Juan por su cuenta sueldo.
En definitiva lo que Juan y Susana pudieron hacer fue invertir las cosas: aquél viejo “primero ahorramos y cuando juntamos lo necesario compramos lo que queremos” de nuestros abuelos pasó al “compramos ahora, tenemos lo que queremos y ahorramos para pagarlo”. Así de simple.
¿Y porqué así de simple? Por el crédito. Sin ese pequeño artilugio de siete letras Juan y Susana hubieran seguido en el horno mucho tiempo.
Además, los $.500 que Juan y Susana iban metiendo cada mes en la lata salían del circuito para ir al "canuto". En cambio los $.6.000 que el banco le acreditó en la cuenta a Juan, con los que pagó el aire acondicionado volvieron inmediatamente al circuito, al sistema, y permitieron que la rueda siga girando. El banco le anticipó los ahorros que Juan y Susana hubieran juntado en más de un año.
Crédito = Ahorro Anticipado, ni más ni menos. Un combustible de primera para mover la rueda de cualquier economía.