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¿Tiene sentido seguir llenando la ciudad de carteles inmobiliarios?Una reflexión urbana desde el propio rubro inmobiliar...
09/02/2026

¿Tiene sentido seguir llenando la ciudad de carteles inmobiliarios?
Una reflexión urbana desde el propio rubro inmobiliario

En la era digital, vale la pena preguntarse si los carteles inmobiliarios en la vía pública siguen teniendo sentido.

Caminamos ciudades atravesadas por colores estridentes, carteles oxidados, lonas que se despintan al poco tiempo. Mensajes superpuestos que no solo anuncian una venta, sino que introducen ruido visual en fachadas, edificios y casas. A esto se suman vidrieras y ventanas cubiertas con ploteos opacos —muchas veces en rojos intensos u otros colores dictados por modas del código inmobiliario— que anulan la transparencia y alteran por completo la lectura de un edificio.

Un arquitecto —sea más o menos modesta su obra— suele pensar cuidadosamente la fachada: proporciones, materiales, ritmo, presencia urbana. Es parte de su diálogo con la ciudad.

Y sin embargo, muchas veces somos nosotros mismos, desde el rubro inmobiliario, quienes por el ánimo del lucro intervenimos esas fachadas con elementos ajenos, invasivos y temporarios, alterando no solo una obra puntual, sino la coherencia visual de una cuadra, de un barrio o de una ciudad entera.
Resulta paradójico que una de las pocas actividades que comercializa, entre otras cosas, espacio, forma y estética, termine recurriendo a prácticas publicitarias que en muchos casos resultan abiertamente antiestéticas.

Incluso cuando existen normas, rara vez hay un control realista sobre el estado, el mantenimiento o el riesgo que estos elementos implican, volviéndose en ocasiones incontrolables y hasta potencialmente peligrosos.

Buenos Aires, con todos sus defectos y virtudes, es una ciudad indiscutiblemente bella. Justamente por eso resulta más evidente el sinsentido de saturarla con recursos visuales que terminan empobreciendo su paisaje urbano.
No es raro encontrar edificios a estrenar con un cartel por piso y, en algunos casos, dos o más inmobiliarias superpuestas sobre una misma fachada, como si la acumulación pudiera sustituir al criterio. Algo similar ocurre en edificios ya consolidados, de cierta antigüedad, donde varias unidades en venta se anuncian simultáneamente hacia la calle: una sobreexposición que no solo afecta la lectura del conjunto, sino que en ocasiones puede resultar contraproducente, generando más dudas que interés.

Tal vez sea momento de empezar a repensar ciertos detalles que deterioran silenciosamente lo que compartimos. No se trata de dejar de comunicar, sino de hacerlo con más responsabilidad, entendiendo que la ciudad no es un soporte publicitario, sino un bien común.

En ese sentido, incluso en los nuevos desarrollos, la comunicación podría resolverse de manera mucho más sobria: un único cartel de dimensiones acotadas, con texto breve, fondo neutro y, eventualmente, un código QR que concentre la información. Sin renders, sin imágenes promocionales y sin ocupar la fachada completa.

A medida que un edificio se consolida y pasa a formar parte del paisaje urbano, la intervención publicitaria debería reducirse al mínimo o directamente desaparecer. No por prohibición, sino por respeto al entorno que compartimos.

La ciudad no es un fondo neutro sobre el que todo vale: es un paisaje urbano que cuenta una historia y que, justamente por eso, merece ser cuidado.

Consejos InmobiliariosLa experiencia auditivaDurante siglos, la arquitectura también fue una experiencia sonora. Iglesia...
05/02/2026

Consejos Inmobiliarios
La experiencia auditiva

Durante siglos, la arquitectura también fue una experiencia sonora. Iglesias, teatros, claustros y palacios estaban pensados para que el sonido habitara el espacio: la reverberación, el eco, la absorción, el silencio. La materia no solo se veía; también modulaba la acústica. Incluso hoy, ciertos sonidos ligados a los espacios siguen despertando recuerdos intensos: el eco de una iglesia, el murmullo de un teatro o el timbre del recreo de un colegio, capaz de llevarnos de regreso, por un instante, a otra etapa de la vida.

Hoy, en cambio, gran parte de nuestra relación con el sonido está mediada por el hábito y la saturación. Desde que nos levantamos y nos subimos a automóviles cada vez más insonorizados, encendemos reproductores para intentar cubrir lo que consideramos “ruido” de la ciudad con música, radios o auriculares. Rara vez vivimos así una experiencia sonora consciente. Más bien, llenamos nuestros días de estímulos auditivos intermitentes que, al volverse constantes, dejan de ser sonido y se transforman en un fondo continuo al que apenas prestamos atención. En síntesis, nos transformamos en generadores de nuevos ruidos con la intención de contrarrestar los que ya nos rodean, creando un bucle sonoro del que casi no somos conscientes.

El sonido también se puede medir. Y aunque no llevemos un instrumento diseñado para mediciones acústicas ambientales a cada visita, tener referencias ayuda a interpretar lo que se percibe en una propiedad.

Algunos valores orientativos de nivel sonoro:

🌙 Montaña o entorno natural muy aislado de noche: 30–35 dB
🌾 Campo abierto sin tránsito cercano: 30–40 dB
🏡 Barrio residencial tranquilo: 40–50 dB
🏙️ Ciudad con tránsito moderado: 55–65 dB
🚗 Avenida con tráfico intenso: 70–80 dB
🤫 Susurro a 1 metro: 30 dB
🗣️ Conversación normal: 55–60 dB
❤️ Latido del corazón (percibido en condiciones de silencio extremo): 10–20 dB

Existen cámaras anecoicas, espacios donde el sonido se reduce a niveles casi imperceptibles y desaparecen las referencias acústicas del ambiente. En esas condiciones, la falta total de estímulos sonoros puede generar desorientación, porque estamos habituados a vivir rodeados de señales sensoriales constantes.

Estas referencias permiten entender que el confort acústico no depende del silencio absoluto, sino de un entorno sonoro bajo, estable y no invasivo. El problema aparece cuando el sonido se vuelve invasivo. A veces no se trata de ruidos bruscos o evidentes, sino de sonidos constantes que terminan formando parte del fondo cotidiano. Justamente por su continuidad, pueden pasar desapercibidos al principio, pero el cuerpo los registra igual: un zumbido permanente, vibraciones leves, tránsito lejano pero incesante, equipos que no dejan de funcionar o artefactos e instalaciones insuficientemente aislados acústicamente. Con el tiempo, ese fondo sonoro sostenido genera tensión, fatiga y pérdida de confort.

Sin embargo, cuando se visita una propiedad, el oído —y en general la percepción sensorial del entorno— sigue siendo una herramienta fundamental y casi siempre subestimada. Una casa no solo tiene luz, proporciones y materiales: también tiene una atmósfera sonora. Cada ambiente responde de manera distinta al sonido: hay espacios que amplifican, otros que amortiguan, algunos que resuenan, otros que abrigan en silencio. Un ejemplo claro es el sistema de filtrado de una piscina: el agua puede producir un murmullo suave, parecido al de un pequeño arroyo artificial, un sonido que —cuando no se prolonga de manera constante ni se impone por encima del entorno— incluso puede percibirse como agradable y sereno. Pero ese clima cambia cuando aparece el zumbido continuo del motor de filtrado mal aislado o mal ubicado; ese “murmullo del agua”, tan bien descrito por María Belmonte, queda invadido por un fondo mecánico persistente, y lo que podría ser una experiencia sonora placentera se transforma en ruido sostenido.

Escuchar una vivienda es percibir lo que no entra en la foto: el ruido lejano del tránsito, un ascensor, cañerías, pasos en la planta superior, el viento en las aberturas, la vibración de una carpintería o la calidad del cierre de una puerta. También el silencio, ese silencio estable y profundo que no es ausencia sino protección. La acústica revela decisiones invisibles —espesores de muros, calidad de las aberturas, tipo de vidrios, sellos, aislaciones y encuentros entre materiales—, porque un espacio bien construido suena distinto. Los ecos excesivos, vibraciones o ruidos estructurales hablan de resoluciones apresuradas. El sonido no es solo algo que se oye: también es algo que el cuerpo percibe. Las vibraciones, la resonancia de los materiales y la respuesta del espacio generan una referencia sensorial que aporta orientación y sensación de estabilidad.

Cuando se habla de “materiales nobles”, conviene hacerse una pregunta previa: ¿nobles para qué? Un material puede ser excelente por su durabilidad, su textura o su mantenimiento, pero no necesariamente por su comportamiento acústico. La calidad real aparece cuando esas virtudes se equilibran según el uso cotidiano del espacio.

Este aspecto rara vez se tiene plenamente en cuenta en las decisiones arquitectónicas. Una vivienda de líneas contemporáneas —o cualquier espacio con abundante vidriería, superficies duras y pocos materiales absorbentes— puede estar estéticamente muy bien resuelta, pero si no se compensa acústicamente, la experiencia sonora se resiente. Escuchar música, conversar durante una cena o simplemente habitar el lugar puede transformarse en un bucle sonoro, a veces incluso caótico, donde las voces rebotan y los sonidos se superponen.

Algo similar puede percibirse al visitar propiedades vacías. La acústica suele sentirse más “dura” o reverberante, no necesariamente por un mal aislamiento o una mala resolución constructiva, sino porque aún faltan los elementos que equilibran naturalmente el sonido: muebles, cortinas, alfombras, libros y objetos. Todos estos materiales contribuyen al acondicionamiento acústico del ambiente, absorbiendo y suavizando las reflexiones sonoras.

Así, un instante de sonido puede convertirse en horas de molestia, y esa diferencia no suele depender del paisaje ni de la arquitectura visible, sino de decisiones técnicas que, aunque no se vean, se oyen. Muchos de estos aspectos pasan desapercibidos en una visita rápida, pero influyen directamente en la calidad de vida cotidiana. Por eso, el confort acústico no es silencio absoluto —que incluso puede resultar extraño— sino un entorno sonoro bajo, estable y protegido de ruidos invasivos.

Imagen del post:
Escuchar una vivienda es otra forma de leer un inmueble.

Imagen: Cámara anecoica de Microsoft, uno de los espacios más silenciosos construidos por el ser humano, donde desaparecen casi todas las referencias acústicas.

📚 Lecturas recomendadas
• María Belmonte — El murmullo del agua
Un recorrido literario y cultural en torno al agua como experiencia sensible, donde paisaje, memoria y percepción se entrelazan a través de viajes, jardines y fuentes que invitan a una forma más atenta de habitar el entorno.
• Pascal Quignard — El odio a la música
Un ensayo en el que el autor reflexiona sobre el sonido y la música desde una perspectiva filosófica y corporal, explorando su poder, su presencia constante en la vida humana y su impacto más allá de lo puramente estético.

Cuando se vulgariza un oficio: TasacionesEn el mercado inmobiliario actual, la palabra tasar suele quedar reducida a asi...
02/02/2026

Cuando se vulgariza un oficio: Tasaciones

En el mercado inmobiliario actual, la palabra tasar suele quedar reducida a asignar un valor de mercado. Y ese valor, en la mayoría de los casos, se construye casi exclusivamente a partir de comparables.

Existen distintos métodos de tasación (comparativo, de costo o reposición y de renta), cada uno válido según el tipo de inmueble y el objetivo de la operación. El problema aparece cuando se reduce todo a uno solo.

Parte del problema radica en el ánimo de vender y/o captar rápido. En ese apuro se pierde de vista que detrás de un inmueble, en muchas ocasiones, hay artes y oficios, tiempos y decisiones acumuladas: meses o incluso años de desarrollo arquitectónico, de construcción y de trabajo previo que hicieron posible esa obra. Reducir todo ese recorrido a una simple comparación de precios empobrece la lectura del bien.

Analizar una propiedad no es una cuestión de sensaciones, sino un ejercicio técnico de lectura e interpretación. Para hacerlo no alcanza con mirar publicaciones: hace falta conocimiento de arquitectura, funcionalidad, sistemas constructivos, materiales, paisajismo e implantación.

Si todo pudiera resolverse con planillas y números, sería muy sencillo asignarle un valor a la Capilla Sixtina.

Se requiere capacidad para evaluar:
• Estado técnico
• Funcionalidad
• Materialidad y eficiencia
• Terreno y orientación
• Paisajismo
• Dimensión estética
• Valor histórico y cultural
• Evaluación de mercado

Todos estos factores —y no uno solo— son los que influyen y le dan coherencia a una tasación final.

En la práctica, no es raro ver procesos superficiales que terminan replicando precios sin interpretar el inmueble. Así, sin proponérselo, se va achatando un mercado complejo, diverso y heterogéneo y, en definitiva, se reduce su valor.

Qualitas, non quantitas.

Visiones Inmobiliarias: La Boca, tres artistas, tres caminosEn 1959, Benito Quinquela Martín imaginó este rincón de La B...
29/01/2026

Visiones Inmobiliarias: La Boca, tres artistas, tres caminos

En 1959, Benito Quinquela Martín imaginó este rincón de La Boca como un museo a cielo abierto. En 2022, la Ciudad restauró sus fachadas recuperando aquella paleta original. No fue solo una puesta en valor: fue volver a mirar el barrio desde el color de Quinquela.

Pero un mismo lugar puede transformarse según la sensibilidad de cada artista.

Tomamos la imagen actual de Caminito —tal como quedó tras esa restauración de 2022— y la pusimos en diálogo con dos pinturas históricas del mismo lugar realizadas por Víctor Cúnsolo y Onofrio Pacenza. A partir de sus paletas y climas visuales, reinterpretamos cromáticamente el mismo espacio urbano sin modificar su arquitectura. La calle es la misma. Lo que cambia es la atmósfera que construye el color. Nada puede imitar la mirada de un pintor. Sus obras siguen siendo únicas, irrepetibles, capaces de trascender la forma y el tiempo. Aquí solo intentamos acercarnos, desde el color, a esas sensibilidades que todavía hoy transforman la manera de ver la ciudad.

Quinquela Martín — La Boca como energía y color

En la pintura de Quinquela, el barrio vibra. Los colores son intensos, contrastados, decididos. Rojos, amarillos y azules no decoran: empujan, laten, construyen carácter. Las fachadas parecen participar de la vida del puerto, del trabajo y del movimiento humano. La arquitectura se vuelve un escenario vivo: comunidad, esfuerzo, calor popular. Caminito, bajo su paleta, es celebración.

Víctor Cúnsolo — La Boca como contemplación

Cúnsolo también pintó La Boca, pero desde otro silencio. Las formas se simplifican, los tonos se apagan y se equilibran. El color ya no vibra: respira bajo. Aparecen los ocres, los verdes suaves y los grises cálidos. La calle deja de ser bullicio y se convierte en un espacio para mirar con calma. La ciudad propone una pausa. La Boca, vista por él, es un paisaje interior, con una distancia que aquieta lo social.

Onofrio Pacenza — La Boca como atmósfera metafísica

En la pintura de Pacenza, el poblador desaparece. La paleta se vuelve suave, empolvada, casi suspendida en la luz. Los colores no contrastan: se disuelven. El aire parece más denso, el sonido más lejano. Quedan las calles, los muros, las esquinas vacías. El tiempo parece detenido. No hay relato explícito: hay atmósfera. La Boca, bajo su visión, es un poema de luz y tiempo detenido, como si el mundo hubiese hecho una pausa.

Imágenes del post (en orden)
1. Benito Quinquela Martín (1945) — Óleo sobre tela, 200 × 164 cm. Colección MNBA. Referencia pictórica del color vibrante y la energía del paisaje de La Boca.
2. Caminito restaurado — Recuperación contemporánea de la paleta inspirada en la visión de Quinquela.
3. Víctor Cúnsolo (1930) — Óleo sobre tela, 70 × 80 cm. Colección MNBA. La Boca desde la contemplación: formas simplificadas y tonos equilibrados.
4. Caminito reinterpretado según Cúnsolo — Menos contraste, tonos más armónicos y una ciudad que invita a la pausa.
5. Onofrio Pacenza (1937) — “Calle (actual Caminito)”, óleo sobre tela, 63 × 75 cm. Colección MUMBAT. La ciudad como atmósfera metafísica.
6. Caminito reinterpretado según Pacenza — Colores empolvados y una sensación de mundo en pausa.

Sobre el vacío localPocas imágenes urbanas transmiten con tanta claridad una sensación de interrupción como la de un loc...
26/01/2026

Sobre el vacío local

Pocas imágenes urbanas transmiten con tanta claridad una sensación de interrupción como la de un local vacío. Persiana baja, vidrios cubiertos, carteles de alquiler o venta ocupando toda la vidriera. La calle pierde continuidad, ritmo, presencia. En ocasiones, estos espacios se leen inmediatamente como síntomas de crisis.
Sin embargo, no todo local vacío es un fracaso. Muchas veces es apenas un momento de transición. El problema no es el vacío, sino cómo se lo muestra.
Tal vez sea momento de repensar también esa escena. En lugar de carteles invasivos hacia la calle, ¿por qué no comunicar hacia adentro? Un aviso sobrio, bien iluminado, colocado en el interior, visible para quien se acerca, pero sin gritarle a toda la cuadra.
Durante ese período, la condición de alquiler o venta puede comunicarse de forma directa y legible, con un único mensaje contenido, mientras el resto del espacio se mantiene cuidado y presente.

Una galería de arte itinerante

En ese marco, el local puede alojar una presencia artística mínima: una obra única sobre un caballete, una o dos pinturas, esculturas o artesanías cuidadosamente seleccionadas, correctamente ubicadas. No se trata de ocupar el espacio, sino de acompañar el vacío con una presencia puntual.
Justamente por ser pocas, estas piezas permiten una iluminación medida y posible, incluso de noche, evitando que el local se apague por completo y reforzando la sensación de cuidado.
Lejos de diluir el mensaje comercial, esta presencia lo refuerza. Un local visible, atendido y bien tratado llama más la atención que uno saturado de carteles o completamente apagado. No se trata de convertirlo en una galería formal, sino de permitir que funcione como una presencia urbana temporaria, una suerte de galería de arte itinerante, silenciosa y sin eventos.
No se trata de llenar el vacío, sino de habitarlo con cuidado. De transformar una ausencia en una señal de transición.

La espera también comunica. Y una ciudad cuidada no es la que nunca cambia, sino la que atraviesa sus pausas con respeto.
Y pocas formas hay de atravesarlas mejor que apelando a uno de los oficios más nobles del ser humano: la creación artística.




Visiones: Cézanne y la arquitectura provenzalLa naturaleza no avanza en línea recta.Se pliega.Modula.Respira.Cézanne des...
23/01/2026

Visiones: Cézanne y la arquitectura provenzal

La naturaleza no avanza en línea recta.
Se pliega.
Modula.
Respira.

Cézanne desconfía de la recta, del gesto técnico que se impone sin escuchar al paisaje.
Desconfía de la geometría que avanza sin mirar.
De la invasión de los ingenieros.

En una de sus frases más citadas lo dice sin diplomacia:

"Zut pour les ingénieurs !"

En sus paisajes, las casas no dominan ni irrumpen.
Se apoyan.
Acompañan la pendiente.
Repiten el color de la tierra.
Se dejan atravesar por la atmósfera.

No es nostalgia.
Es ritmo.
Pasaje.
Responsabilidad de la mirada.

Ni ingeniero.
Ni impresionista.
Ni literato.

Constructor.
Construye con color.

Tal como se ve en las imágenes, en el mercado inmobiliario de la Provenza, sur de Francia, todavía es posible encontrar casas de época o construcciones que conservan esa misma lógica: implantación cuidadosa, materialidad simple, relación directa con el paisaje y la luz, y una paleta de colores ligada al lugar, como si obedeciera a la misma lógica pictórica.

Imágenes
1-2: Pinturas de Paul Cézanne.
3-4:Casas provenzales en venta, L’Isle-sur-la-Sorgue (siglo XIX).

Consejos Inmobiliarios: la experiencia materialDurante siglos, la obra de arte fue también una experiencia táctil.Pintur...
19/01/2026

Consejos Inmobiliarios: la experiencia material

Durante siglos, la obra de arte fue también una experiencia táctil.
Pinturas y esculturas se tocaban para sentir las pinceladas, los volúmenes, las superficies; para percibir la materia, incluso como gesto de respeto y devoción frente a determinadas imágenes religiosas.
Hoy eso ya no es posible: la obra se mira, pero no se toca. Hemos reducido buena parte de nuestra experiencia sensorial a la superficie de una pantalla.

Sin embargo, cuando se visita una propiedad, el tacto sigue siendo un recurso disponible, y muchas veces olvidado. Vivimos rodeados de materiales que engañan al ojo: superficies que parecen lo que no son, los llamados simil. El contacto directo desarma esa ilusión. La mano distingue lo que la vista confunde: la densidad real, la temperatura, la aspereza o la suavidad, el peso, la solidez.

Tocar un muro, un revestimiento pétreo o en madera, una baranda, un picaporte, una bacha o una grifería permite acceder a una información que no pasa por la vista. Cada gesto revela decisiones invisibles a la imagen: cómo fue pensado ese objeto, cómo fue construido, qué nivel de cuidado y de oficio hay detrás.

Muchos materiales y objetos están concebidos para ser percibidos con la mano. Hay decisiones de diseño, de ingeniería y de oficio orientadas a generar sensaciones precisas. Sin embargo, al recorrer una propiedad, rara vez prestamos atención a ese registro y, sin advertirlo, dejamos de leer una parte importante de su calidad real.

El tacto dice mucho más de lo que parece sobre cómo fue pensada y construida una casa: su calidad real, su honestidad constructiva y la manera en que ese espacio va a acompañar la vida cotidiana.

Visiones: Babel y El HelicoideLa Torre de Babel (Pieter Bruegel el Viejo, 1525–1569).Crece por acumulación, por repetici...
16/01/2026

Visiones: Babel y El Helicoide

La Torre de Babel (Pieter Bruegel el Viejo, 1525–1569).

Crece por acumulación, por repetición, por exceso. Cada nivel agrega sentido y, al mismo tiempo, lo disuelve. La obra avanza mientras ya anuncia su límite.

Se tuerce.
Ruina, ruido, multitud.

En la pintura de Bruegel, la torre parece antigua incluso antes de terminarse. Como si el tiempo se hubiera adelantado a la construcción. Como si toda empresa total llevara inscrita una forma de desgaste.

El Helicoide (Jorge Romero Gutiérrez, Pedro Neuberger y Dirk Bornhorst).

Pensado como continuidad, como circulación sin cortes, como promesa de fluidez.
Un objeto que lo contiene todo.
Pero la historia interrumpe. Cambia el uso. Cambia el sentido.
La forma permanece; el proyecto se desvía.

Se tuerce.
Ruina, ruido, multitud.

Babel y El Helicoide.
Eros. Tánatos.
Una misma pulsión.

Repensar la vivienda: calidad de vida + eficienciaHoy, la mayoría de los compradores actuales ya no busca metros excesiv...
01/12/2025

Repensar la vivienda: calidad de vida + eficiencia
Hoy, la mayoría de los compradores actuales ya no busca metros excesivos ni casas que exigen más mantenimiento del que aportan.

La demanda real se orienta hacia viviendas de 120 a 180 m², bien diseñadas, con criterios de eficiencia, confort y bajo costo operativo.

Casas que mejoran la calidad de vida y la eficiencia al mismo tiempo.
Viviendas que incorporan lo esencial:
ventilación cruzada,
aislaciones reales,
materiales durables,
bajo mantenimiento,
luz natural bien resuelta,
y una sola planta siempre que sea posible, porque es más práctica, más segura y más eficiente.
Y, sobre todo, viviendas que se adaptan a distintas etapas de la vida.
Tanto para un joven profesional que trabaja desde casa como para un adulto mayor que necesita accesibilidad y simplicidad sin resignar diseño.
Por eso, el programa que más sentido tiene hoy en el mundo es claro:

Dos dormitorios más un escritorio flexible.

Una tipología que permite teletrabajo, visitas, uso profesional, estudio o la posibilidad de transformarse en un tercer dormitorio.
Un espacio que se adapta sin esfuerzo y acompaña cada etapa.
Sin embargo, seguimos construyendo proyectos rígidos, sobredimensionados, difíciles de climatizar, con dos plantas innecesarias y estructuras que ya no representan a quienes realmente compran.

El mercado pide eficiencia, flexibilidad y confort.
Nosotros seguimos ofreciendo complejidad, costos y metros sin sentido.

¿Por qué seguimos construyendo en lo que ya no queremos invertir?
Quizás el camino sea volver a lo esencial:
Diseños humanos, prácticos, económicos, luminosos y flexibles.
Casas que se habitan, no que se padecen.
Casas que acompañan la vida, no que la condicionan.

Psicología de los materialesCerámica - PorcelanaLa cerámica es pureza que permanece.Un lavamanos blanco, simple. Un sani...
22/07/2025

Psicología de los materiales
Cerámica - Porcelana
La cerámica es pureza que permanece.

Un lavamanos blanco, simple. Un sanitario que ha estado ahí desde hace décadas. En la cerámica hay algo
clínico y algo humano.

Dirección

Chubut 2300
Villa Rosa
1631

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