27/07/2025
En 1965, la francesa Jeanne Calment, de 90 años, vendió su apartamento en Arlés mediante un contrato de usufructo vitalicio: el notario André-François Raffray le pagaría 380 € mensuales hasta su muerte, quedándose luego con la propiedad. Parecía un trato razonable… hasta que vivió 32 años más, convirtiéndose en la persona más longeva de la historia con 122 años. Raffray murió dos años antes que ella, y su viuda debió seguir pagando. Al final, Calment recibió el doble del valor del piso, y bromeó: “En la vida, a veces se hacen malos negocios”. Un caso único en la historia inmobiliaria.