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07/02/2025
02/02/2025

Carta abierta de Salud Hernández a Petro

Puede insultarme al infinito, calumniarme, amenazarme con acciones legales de su Fiscalía de bolsillo, ignorar que también soy ciudadana colombiana. Pero no con nacionalizaciones exprés, modalidad que usted utilizó con el único fin de regalar puestos a sus tres amigos catalanes.
Mientras SEMANA me lo permita –y jamás interfieren en mi trabajo– seguiré viajando por Colombia para hacer crónicas y daré mi opinión sobre su caótica, corrupta y autoritaria manera de gobernar.
Si en cinco lustros no me callaron criminales de distinto pelaje, menos usted, que preside un país democrático.
Obvio que hay enorme desigualdad entre un jefe de Estado que abusa de los resortes del poder y cuenta con el apoyo de millones de ciudadanos, algunos muy agresivos, y una simple periodista. En teoría, tendría las de perder. Pero en Colombia perviven instituciones que no se pliegan a los dictados del gobernante de turno, así como incontables periodistas independientes. Aún no somos Venezuela.
Para su información, me nacionalicé colombiana en 2003 después de cumplir los trámites legales. Llegué al país en febrero de 1998 con contrato laboral y visa de trabajo. Tras residir los cinco años exigidos, presenté la solicitud. Me la concedieron en una época en que eran más los que marchaban al exterior huyendo de la barbarie de sus admiradas guerrillas que los que escogimos quedarnos.
Decidí ser ciudadana de este maravilloso país porque no quería ser extranjera en una nación que sentía como propia. Así que no me inquietan lo más mínimo sus hordas de socialistas radicales, azuzadas por un exterrorista catalán, que le suplican que me expulse. Aunque lograran el imposible de revocarme la nacionalidad, con un arsenal de trampas y adjudicándome cualquier delito inventado, seguiría siendo colombiana de corazón.
Es más, puedo presumir de conocer los 32 departamentos y llevar 25 años dando vueltas por ellos, en especial por la Colombia alejada, la de zona roja, la de paisajes extraordinarios y gentes arrojadas. Lo sigo haciendo, aunque a veces las guerrillas, el consejo comunitario de Francia Márquez y algunos del Cric no me dejen entrar a sus territorios para impedir que destape verdades incómodas.
En cuanto a su última ristra de trinos y discursos, baste decir que reflejan con fidelidad su enrevesada personalidad, cargada de odio, resentimiento, adicciones, incoherencia, megalomanía, delirios de grandeza y una enfermiza costumbre de tergiversar la historia. Rasgos que rigen su calamitosa manera de gobernar.¿Y qué decir de su estéril costumbre de culpar a otros de la parálisis de un Gobierno inepto, anárquico, en el que prima la caprichosa ideología petrista sobre la racionalidad?
Al principio de su mandato criticaba las dobles calzadas porque, alegaba, solo servían para que la oligarquía enviara fuera sus productos para enriquecerse. Ahora, sin embargo, sostiene que no merece la pena invertir en vías de Bogotá o Medellín, puesto que no terminan en un puerto para exportar. Retorcida manera de justificar que declaró enemigas a dos ciudades porque detesta a sus regidores.
Ha llegado a la estulticia de responsabilizar a la “oligarquía blanca” de no construir la carretera Medellín-Quibdó por racismo. Lo proclama como si usted no hubiese tenido cuatro años para corregir una clamorosa injusticia.
También resulta insultante la apología que hizo en Ocaña del terrorismo. Con la guerra del Catatumbo de fondo, estableció una diferencia entre el ELN que inició este último conflicto y el de antes, al que bautizó “guerrilla revolucionaria”. Sigue convencido de que Gabino y demás matones representaban la quintaesencia de la lucha por los pobres. Por eso dijo que las masacres y los desplazamientos “están ensuciando, ensangrentando, enterrando” la historia del ELN. “Su forma de acción no es la de antes”.
Es decir, usted admiraba al ELN que secuestró a un cura y sus 150 feligreses en plena misa para convertirlos en mercancía negociable; el que reclutó miles de niños y asesinó a 84 civiles en un solo atentado; el que arrasaba (y sigue arrasando) la naturaleza con la minería ilegal y las voladuras del tubo; el que siempre vivió de la extorsión, el oro y la coca.
Repite como un mantra lo del país de la vida y del amor, pero se dedica a disparar injurias al que piensa distinto, a espolear la división, destruir puentes, inocular el encono y la ira en la sociedad.
Por un confuso titular, que ya cambiamos, me lanzó una amenaza de sainete. Reafirmo que defiendo que el comandante de las FF. MM. pida la baja si la Constitución no permite incumplir una orden suya que pone en peligro la seguridad de Colombia y supone avalar la dictadura chavista. La sola fotografía del ministro Iván Velásquez abrazado al criminal Padrino, capo del cartel de los Soles, ofende el honor militar.
Las crisis del Catatumbo y de USA constatan que esta columna se ajusta a la realidad.

07/01/2025

"¡Están a otro nivel!".
Tokio, Japón, es reconocida mundialmente como una de las ciudades más seguras. La prueba está en que incluso un niño de 6 años puede navegar solo por su sistema de transporte público, que incluye trenes, metros y autobuses, sin ningún peligro. 📚🚂
Este fenómeno no solo es impresionante por la seguridad en sí, sino porque refleja una sociedad donde la confianza y el respeto son valores fundamentales. Los niños llevan consigo tarjetas de transporte recargables, y es común verlos viajar solos, leyendo o jugando tranquilamente durante sus trayectos. 📖
Además, Tokio posee una de las tasas de crimin@lidad más bajas del mundo, con un sistema de vigilancia y educación comunitaria que asegura la protección de todos, especialmente de los más jóvenes. Este ambiente permite que los niños desarrollen independencia desde una edad muy temprana, algo que muchos padres occidentales podrían encontrar difícil de imaginar.

16/08/2023

Léelo, está buenisimo.
ME CAÍ DEL MUNDO Y NI SÉ POR DÓNDE SE ENTRA.

Para mayores de 50 años...

Por.
Eduardo Galeano.
Periodista y Escritor uruguayo.

Lo que me pasa es que no consigo andar por el mundo tirando cosas y cambiándolas por el modelo siguiente sólo porque a alguien se le ocurre agregarle una función o achicarlo un poco..

No hace tanto, con mi mujer, lavábamos los pañales de los críos, los colgábamos en la cuerda junto a otra ropita, los planchábamos, los doblábamos y los preparábamos para que los volvieran a ensuciar...

Y ellos, nuestros nenes, apenas crecieron y tuvieron sus propios hijos se encargaron de tirar todo por la borda, incluyendo los pañales...

¡Se entregaron inescrupulosamente a los desechables...!

Si, ya lo sé...

A nuestra generación siempre le costó tirar...

¡Ni los desechos nos resultaron muy desechables...!

Y así anduvimos por las calles guardando los mocos en el pañuelo de tela del bolsillo...

Yo no digo que eso era mejor...

Lo que digo es que en algún momento me distraje, me caí del mundo y ahora no sé por dónde se entra...

Lo más probable es que lo de ahora esté bien, eso no lo discuto...

Lo que pasa es que no consigo cambiar el equipo de música una vez por año, el celular cada tres meses, el monitor de la computadora todas las navidades o el televisor cada año...

Es que vengo de un tiempo en el que las cosas se compraban para toda la vida...

Es más!

Se compraban para la vida de los que venían después...

La gente heredaba relojes de pared, bicicletas, cámaras fotográficas, juegos de copas, vajillas y hasta palanganas...

El otro día leí que se produjo más basura en los últimos 40 años que en toda la historia de la humanidad...

Tiramos absolutamente todo...

Ya no hay zapatero que remiende un zapato, ni colchonero que carde la lana de un colchón y lo deje como nuevo, ni afiladores por la calle para los cuchillos, ni sastre que haga composturas...

De 'por ahí' vengo yo, de cuando todo eso existía y nada se tiraba...

Y no es que haya sido mejor...

Es que no es fácil para un pobre tipo al que lo educaron con el 'guarde y guarde que alguna vez puede servir para algo', pasarse al 'compre y tire que ya se viene el modelo nuevo...

Hay que cambiar el auto cada 3 años porque si no, eres un arruinado...

Aunque el coche esté en buen estado...

Y hay que vivir endeudado eternamente para pagar el nuevo!!!!

Pero por Dios....

Mi cabeza no resiste tanto...

Ahora mis parientes y los hijos de mis amigos no sólo cambian de celular una vez por semana, sino que, además, cambian el número, la dirección electrónica y hasta la dirección real...

Y a mí me prepararon para vivir con el mismo número, la misma mujer, la misma casa y el mismo nombre...

Me educaron para guardar todo...

Lo que servía y lo que no...

Porque algún día las cosas podían volver a servir...

Si, ya lo sé, tuvimos un gran problema:

Nunca nos explicaron qué cosas nos podían servir y qué cosas no...

Y en el afán de guardar (porque éramos de hacer caso a las tradiciones) guardamos hasta el ombligo de nuestro primer hijo, el diente del segundo, las carpetas del jardín de infantes, el primer cabello que le cortaron en la peluquería...

¿Cómo quieren que entienda a esa gente que se desprende de su celular a los pocos meses de comprarlo?

¿Será que cuando las cosas se consiguen fácilmente, no se valoran y se vuelven desechables con la misma facilidad con la que se consiguieron?

En casa teníamos un mueble con cuatro cajones.

El primer cajón era para los manteles y los trapos de cocina, el segundo para los cubiertos y el tercero y el cuarto para todo lo que no fuera mantel ni cubierto...

Y guardábamos...

¡¡Guardábamos hasta las tapas de los refrescos, los corchos de las botellas, las llavecitas que traían las latas de sardinas...

¡Y las pilas...!

Las pilas pasaban del congelador al techo de la casa....

Porque no sabíamos bien si había que darles calor o frío para que vivieran un poco más....

No nos resignábamos a que se terminara su vida útil en un par de usos...

Las cosas no eran desechables....

Eran guardables....

¡Los diarios!

Servían para todo...

Para hacer plantillas para las botas de goma, para poner en el piso los días de lluvia, para limpiar vidrios, para envolver.

¡Las veces que nos enterábamos de algún resultado leyendo el diario pegado al trozo de carne o desenvolviendo los huevos que meticulosamente había envuelto en un periódico el almacenero del barrio.

Y guardábamos el papel plateado de los chocolates y de los ci****os para hacer adornos de navidad...

Y las páginas de los calendarios para hacer cuadros...

Y los goteros de las medicinas por si algún medicamento no traía el cuentagotas...

Y los fósforos usados porque podíamos reutilizarlos estando encendida otra vela...

Y las cajas de zapatos que se convirtieron en los primeros álbumes de fotos...

Enderezábamos los clavos para reutilizarlos después...

Y los mazos de naipes se reutilizaban aunque faltara alguna, con la inscripción a mano en una sota de espada que decía 'éste es un 4 de bastos'....

Los cajones guardaban pedazos izquierdos de broches de la ropa y el ganchito de metal...con el tiempo, aparecía algún pedazo derecho que esperaba a su otra mitad para convertirse otra vez en un broche completo...

Nos costaba mucho declarar la muerte de nuestros objetos...

Y hoy, sin embargo, deciden 'matarlos' apenas aparentan dejar de servir...

Y cuando nos vendieron helados en copitas cuya tapa se convertía en base las pusimos a vivir en el estante de los vasos y de las copas...

Las latas de duraznos se volvieron macetas, portalápices y hasta teléfonos.

Las primeras botellas de plástico se transformaron en adornos de dudosa belleza y los corchos esperaban pacientemente en un cajón hasta encontrarse con una botella...

Y me muerdo para no hacer un paralelo entre los valores que se desechan y los que preservábamos...

Me muero por decir que hoy no sólo los electrodomésticos son desechables...

Que también el matrimonio y hasta la amistad son descartables...

Pero no cometeré la imprudencia de comparar objetos con personas...

Me muerdo para no hablar de la identidad que se va perdiendo, de la memoria colectiva que se va tirando, del pasado efímero...

De la moral que se desecha si de ganar dinero se trata...

No lo voy a hacer...

No voy a mezclar los temas, no voy a decir que a lo perenne lo han vuelto caduco y a lo caduco lo hicieron perenne...

No voy a decir que a los ancianos se les declara la muerte en cuanto confunden el nombre de dos de sus nietos, que los cónyuges se cambian por modelos más nuevos en cuanto a uno de ellos se le cae la barriga, o le sale alguna arruga...

Esto sólo es una crónica que habla de pañales y de celulares...

De lo contrario, si mezcláramos las cosas, tendría que plantearme seriamente entregar a mi señora como parte de pago de otra con menos kilómetros y alguna función nueva...

Pero yo soy lento para transitar este mundo de la reposición y corro el riesgo de que ella me gane de mano y sea yo el entregado....

Por.
Eduardo Galeano.
Periodista y Escritor uruguayo.

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