08/08/2026
Bueno, la primera mordida al pueblo trabajador, la mitad votaron por él.
El nuevo presidente de Colombia, Abelardo de la Espriella, dio su primer discurso y dejó claro a quién piensa favorecer: a los más ricos. En un acto de sumisión a las élites, anunció la eliminación del impuesto al patrimonio, un tributo que gravaba a los grandes capitales y terratenientes. La medida, presentada como un estímulo a la inversión, no es más que un regalo millonario a quienes menos lo necesitan, mientras la clase trabajadora y la clase media se preparan para recibir la factura
El discurso de De la Espriella fue una oda al neoliberalismo más salvaje. "Debemos dejar de castigar a quienes invierten y generan riqueza en nuestra patria", dijo, mientras los millones de colombianos que sobreviven con salarios precarios escuchaban cómo su futuro se volvía aún más incierto.
Su propuesta de "simplificar" el sistema tributario no es otra cosa que una transferencia de la carga fiscal de los hombros de los más ricos a los de los trabajadores. Con la eliminación del impuesto al patrimonio, el Estado perderá una fuente clave de ingresos que, en un país con un déficit fiscal del 6,2% del PIB y una deuda pública que ronda el 61%, tendrá que ser reemplazada por algún lado.