30/11/2024
Mi mamá es de Desamparados.
Mi papá es de Hatillo.
Yo me crié en San Francisco de Dos Rios. Estudié en el Liceo San Antonio de Río Azul y en el Colegio Vocacional Monseñor Sanabria de Desampa. La casa de mi abuelita Julieta en Desamparados siempre fue mi segundo hogar, hasta su partida. Pasé toda mi niñez visitando familiares en Hatillo, ahí íbamos a tomar café con mi Tía Gloria y a las fiestas de cumpleaños de mis primitos.
De aquí soy. Aquí vivo. Alquilo una casa con mi novio y mis perritos. Aquí me gustaría ser mamá y criar una vida. Aquí soy feliz. Y por sobretodo, aquí sigo siendo yo misma, sin extravagancias.
Sin importar el cargo, me niego a abandonar mis raíces. Me niego a olvidar que miles de costarricenses también necesitan beca para estudiar y salir adelante, como la necesité yo.
De aquí soy y no quiero olvidar de donde vengo. Aquí puedo recordar el esfuerzo que hicieron mis padres para salir adelante, y mis tías y tíos, y mis primas y primos, y mis abuelas y abuelos. Aquí puedo ver a los ojos a mis vecinos de toda la vida, a los que me han visto crecer desde que era aquella niña que jugaba bola en el parquecito con los wilas del barrio.
Y es que no solo los condominios de lujo son bonitos (aunque doña Pilar no se lo crea). Las personas de a pie también cuidan sus casitas y las tienen bonitas, y no andan por la vida arruinándole la existencia a otros ni creyéndose superiores.
Por eso, yo me quedo con mi barrio.