16/11/2025
Soy la cuarta generación de mi familia, y en estos últimos tres años he recorrido un viaje hacia adentro para entender de dónde vengo y por qué tantos patrones se han repetido de generación en generación.
He descubierto una cadena de creencias y comportamientos que, consciente o inconscientemente, se han transmitido como si fueran normales: vivir incómodos, hablarse con falta de respeto, callar lo que importa, priorizar a los de afuera antes que a los propios, y creer que por ser “hijo” o “hija” uno debe someterse a lo que digan los mayores aunque estén equivocados.
Crecí en un entorno donde ser igual que ellos parecía la única forma de encajar; donde la violencia verbal tenía más espacio que un “te amo” o un “confío en ti”. Y hoy, mirando hacia atrás, me pregunto cómo pude soportar tanto solo por compartir un apellido y la misma sangre.
Estoy cansada de remar contracorriente. Cansada de defenderme de quienes se supone que deben creer en mí, apoyarme y levantarme, no desvalorizarme. Y sí… una parte de mí deseó nacer en una familia cristiana, llena de amor, respeto y apoyo emocional. Pero entiendo que Dios no se equivocó. Él permitió que creciera en medio del desorden, del caos y de las grietas, no para destruirme, sino para glorificarse a través de mí.
Porque cuando Dios te escoge para romper ciclos, no te coloca en jardines; te coloca en terrenos áridos para convertirte en agua. No te coloca rodeada de luz; te coloca en la sombra para hacerte resplandecer. No te pone donde todo está en orden; te pone donde falta todo para formar en ti lo que a otros les sobra.
Hoy sé que yo no soy la continuación del desorden, soy el punto final. Soy la generación que dice: basta. Soy la voz que Dios levantó para sanar lo que otros normalizaron. Soy la hija que decide vivir con amor, honra, verdad y respeto, aunque no lo haya recibido, porque lo que Dios deposita en mí es más fuerte que lo que el pasado quiso sembrar.
Agradezco mis raíces, pero elijo mi destino. Y mi destino está en las manos de un Dios que transforma historias, que limpia linajes y que usa a los valientes para comenzar algo nuevo... Sin más que agregar
Yo soy ese “algo nuevo”.