23/04/2026
¿Por qué un sector de ecuatorianos defiende a Correa con el puño en alto, incluso después de saber de los juicios, las coimas y los sentenciados?
No es memoria corta. Es memoria selectiva con intereses emocionales. Analicemos con calma, porque el fenómeno correista no es político: es casi religioso.
Primero, la construcción del mesías: diez años de enlaces ciudadanos, discursos de “nosotros contra ellos” "Presa corrupta" "Yo soy el jefe de todos los poderes del Estado...", y una narrativa donde el pobre es bueno por naturaleza y el rico es malo por esencia. Eso cala hondo en un país con heridas de feriado bancario y gobiernos patéticos.
Segundo, las obras tangibles sí existieron: hidroeléctricas, carreteras, becas, hospitales. La gente las vio, las usó, las disfrutó. ¿El problema? Que muchas se pagaron con sobreprecios y coimas. Pero la señora que arregló su casa con utilidades no ve la coima: ve su casa pintada.
Tercero, la identidad de clase: Correa le devolvió al ecuatoriano promedio la supuesta sensación de “dignidad” y “protagonismo”. Eso es más adictivo que cualquier política pública. ¿Resultado? La corrupción se percibe como “pecado menor” frente a la “redención” vivida. "Sí; r0b0 pero r0b0 honradamente...."
Cuarto, el victimismo como escudo: cada crítica alimenta el relato de “persecución política”. Los correistas no ve pruebas, ve enemigos. Por eso defienden a capa y espada: no defienden a un político, defienden su propia historia de superación personal.
¿Y la lógica? No entra ahí. Porque cuando la fe habla, la razón hace silencio y paga un alto precio. 😏
¿Usted cree que mostrarles los contratos de Odebrecht o los sobres de Sobornos 2012-2016 hará que un becado fanático diga “me equivoqué”? No. Preferirá decir “pero igual me dio la beca”.
¿Entonces qué hacemos? No callar. Hablar, explicar, repetir. Porque el olvido es el único cementerio donde los mesías resucitan.