14/09/2026
Una última palabra por aquí:
"Cuídala por siempre, mi Señor" 💫
Dios...
No sé si esta sea la forma correcta de hablarte.
Quizá debería comenzar agradeciéndote por mi vida, por mi familia, por todo lo bueno que has puesto en mi camino...
Pero hoy quiero hablarte de ella.
Porque entre tantos caminos que pude tomar, entre tantas personas que jamás llegaron a significar nada, un día coincidí con alguien que terminó siendo demasiado importante para mí.
Y no sé si fuiste Tú, si fue el destino o simplemente una hermosa casualidad... pero gracias.
Gracias por permitirme conocer su risa, su voz, su manera de ser y esas pequeñas cosas que quizá para otros no tienen importancia, pero que yo aprendí a guardar con cariño.
Gracias porque hubo días en los que ella no hizo nada extraordinario y, aun así, logró convertir mi día en algo hermoso solamente por estar.
Y sé que ella no me pertenece.
Nunca la he sentido como algo mío.
Más bien siento que tuve la inmensa suerte de coincidir con una persona maravillosa... y para mí, eso ya ha sido un regalo.
Dios, yo quisiera poder cuidarla siempre.
Quisiera estar cuando algo le duela, abrazarla cuando el mundo se vuelva demasiado pesado y recordarle cuánto vale cuando ella misma lo olvide.
Pero soy humano.
No siempre voy a llegar a tiempo.
No siempre voy a saber lo que le pasa.
No siempre voy a poder protegerla de todo aquello que pueda herir su corazón.
Así que hoy quiero pedirte algo que yo solo no puedo hacer:
Cuando yo no alcance, cuídala Tú.
Si alguna noche llora y yo no estoy para enterarme, acompáñala Tú.
Si algún día siente que ya no puede más, recuérdale todas las veces que fue más fuerte de lo que imaginaba.
Si llega a dudar de sí misma, pon en su camino algo que le recuerde la mujer maravillosa, hermosa y valiente que es.
Cuida sus sueños, incluso aquellos que guarda en silencio por miedo a que alguien no los comprenda.
No permitas que las personas equivocadas le hagan creer que vale menos de lo que realmente vale.
Rodéala de personas sinceras, de abrazos honestos, de risas bonitas y de personas que sepan quererla bien.
Haz que siempre llegue con bien a casa.
Y si algún día la vida decide llevarnos por caminos diferentes... no voy a pedirte que la traigas de regreso.
Porque creo que amar también es desear la felicidad de alguien, incluso cuando esa felicidad ocurre lejos de uno.
Así que, si algún día no estoy cerca...
hazla feliz.
Conmigo o sin mí, pero haz que la vida sea bonita con ella.
Mientras pueda estar, prometo hacer mi parte.
Prometo quererla bonito, cuidarla sin convertir mi amor en una carga y escucharla incluso cuando no encuentre las palabras para explicar lo que siente.
Seguramente me equivocaré algunas veces... Tú ya me conoces.
Pero nunca quisiera ser una razón para que su corazón se sienta más triste.
Gracias, Dios...
Gracias por ella.
Por haber puesto en mi camino a una persona capaz de hacer nacer tanto cariño dentro de mí.
Y si algún día la distancia no me permite estar, si no alcanzo a notar que algo le duele o simplemente no puedo llegar hasta donde ella está...
cuídala Tú.
Cuídala mucho.
Porque yo...
yo la quiero muchísimo.
© Pablo Fernández — Un poeta solitario. Todos los derechos reservados.
Si decides borrar mi nombre para hacerlo tuyo,
recuerda que las palabras se escriben…
pero la esencia no se puede copiar.