29/05/2026
*De la Mamá Cuchara al Gran Quito*
Museo Nacional, Reordenamiento Urbano y Centro Cívico
Por: Jorge Ramón Gallegos, Arquitecto
Nací hace 70 años en Quito, en el mero Centro Histórico. En la Clínica Pasteur de entonces, en plena “mamá cuchara” —así llamamos en quiteño a esos cul-de-sac donde la vía, después de tanto andar, retorna para volver a empezar. Desde ahí crecí con la ciudad. Por eso sé una verdad simple: toda gran transformación empieza con un símbolo que nos devuelve el sentido de pertenencia.
Bilbao en España lo entendió. El mundo repite “Guggenheim” como un conjuro, pero el museo fue apenas la punta del iceberg. Lo grande, lo que cambió la sangre de la ciudad, fue la regeneración de más de 30 hectáreas de hierro oxidado junto a la ría del Nervión. Fue devolverle el agua a la gente. Fue modernizar el Metro para que la ciudad respirara. Entonces florecieron hoteles, se levantaron edificios, el turismo se multiplicó y Bilbao se volvió leyenda. Bilbao no puso un museo. Le trasplantó un corazón nuevo a una ciudad cansada.
Quito tiene todo para hacer lo mismo, Señor Presidente Daniel Noboa. Usted ya anunció el Museo Nacional como marca de identidad nacional. Ese es nuestro Guggenheim, nuestra primera nota en la partitura del futuro. Pero igual que en Bilbao, un símbolo no camina solo. Necesita su proyecto de ciudad, su regeneración, su reordenamiento, para que la nueva fase del Metro tenga a dónde llegar.
Por eso el nuevo Centro Cívico.
En el predio de 19 hectáreas de la antigua Base Aérea, una vez trasladada a Tababela, nacerá un corazón moderno para El Gran Quito. Ahí irá la nueva Casa Presidencial, testimonio de un Ejecutivo que ya empezó su reingeniería con solo 16 ministerios: ligero, digital, decidido. Ahí llegará la segunda estación de la ampliación del Metro, porque toda nación necesita una sede donde latir. Y a la par, iniciaremos el reordenamiento de buena parte de la edificación pública del Gobierno Central y del Municipio.
Porque no se puede modernizar una ciudad que se vació a vista y paciencia de todos. El Centro Histórico, 500 años, Primer Patrimonio de la Humanidad, no puede seguir cargando 4 mil funcionarios donde deberían habitar estudiantes de todas las artes. Los burócratas municipales irán a la Plataforma Norte. Queremos devolverle al Centro la risa, la música, la vida. Queremos reemplazar puestos burocráticos por nuevas ilusiones, amaneceres y emprendimientos culturales.
Es histórico, Presidente. Usted y el nuevo Alcalde de Quito lo harán. Se lo dice un quiteño auténtico, uno que creció con la ciudad, con formación de arquitecto y manos de constructor, de planificador. Ha sido mi estudio permanente, mi desvelo por el interés público, propuesto y financiado desde la iniciativa privada, con teoría en la cabeza y polvo de obra en los zapatos, al amparo de la Ley de APPs, presentado como lo que usted conoce como unsolicited proposal.
¿Cómo se financia? Con una APP, con Alianza Público-Privada. Un modelo que reconoce el BID, el mismo que impulsa la resiliencia de las ciudades en la ruta hacia hacerlas inteligentes. No es gasto, Señor Presidente. Es inversión que se paga sola con la monetización de la edificación pública obsoleta y rehabilitada con inversión privada para sus nuevos usos. El sector profesional pone el proyecto. Usted pone la voluntad política. Y juntos le entregamos el futuro a 3 millones de quiteños y 18 millones de ecuatorianos.
En Bilbao el Metro se modernizó para que el Guggenheim floreciera. Aquí, la extensión del Metro necesita su destino: el Centro Cívico. Sin ese corazón, los 300 mil pasajeros que el Metro requiere para ser sostenible no llegarán jamás. Con ese corazón, Quito será el referente de Latinoamérica para los próximos 200 años.
Nací en la mamá cuchara del Centro Histórico de 500 años, pero pertenezco a las cinco centralidades redefinidas del Quito Central con sus 32 parroquias. Y pertenezco también a los seis cantones del Gran Quito: Quito Central, Rumiñahui, Mejía, y los tres que nacen cada mañana en la calle —Los Chillos, Ilaló, Calderón. Un territorio articulado no por decreto, sino por la vida misma. Porque el Gran Quito es el hornado de Sangolquí y los malls del hipercentro en la misma tarde. Es la estación de La Marín, la parada del Trébol y el amanecer de Tambillo. Es el Quitu Milenario de Urabia dialogando con Rumicucho. Es El Señor del Árbol y la Virgen del Quinche, es Santa Teresita y El Jesús del Gran Poder.
Necesitamos una política pública que responda a eso: un modelo de innovación, digital, ligero y fresco. Un Estado que no pese, que impulse. Seis cantones con voz propia, pero con un solo corazón latiendo para todos.
Porque el Gran Quito no se decreta. Se reconoce. Y se moderniza.
Señor Presidente, la Historia lo espera. El Museo Nacional es el primer trazo del pincel. La modernización de la infraestructura, con la nueva Casa Presidencial y el Centro Cívico son la obra para la Nación. No para este Gobierno. Para los próximos 200 años.