12/05/2026
Ella, tenía unos 10 años menos que yo ahora.
Y ya era mamá. Y ya era papá. Y ya era todo.
De niña no entendía por qué mi mamá no podía contarme cuentos. Por qué sus abrazos eran cortos. Por qué se iba y yo me quedaba sola en casa esperándola.
De adolescente la juzgué. Mucho. Porque no era como “las otras mamás.” Qué dura e ignorante fui.
Hoy lo veo todo tan claro.
Mi mamá no me daba abrazos largos no, porque no me amaba, era porque no tenia tiempo, se estaba yendo a trabajar por mí. Había dejado de ser ella, de descubrirse, de vivir su juventud, para que yo pudiera tener la mía. Sacó una fuerza que no sabía que tenía. La fuerza de cargar sola con todo, sin manual, sin pareja, sin nada mas que ella y yo.
Lo hizo igual.
Poco se habla de las madres solteras. De las que decidieron tener a sus hijos sabiendo que tendrían que renunciar a descubrir quiénes eran ellas, para aprender a ser mamá y papá al mismo tiempo.
A todas ellas: gracias. Porque aunque no sabían cómo, lo hicieron. Lo hicieron por amor.
Gracias, mamá. Todo lo que diste por mí me trajo hasta aquí, a esta vida soñada. De los abrazos largos no te escapas. Yo te los daré. 🤍