06/03/2026
Agentes inmobiliarios caníbales
En el tranquilo ecosistema del mercado inmobiliario habita una especie curiosa: el agente inmobiliario. Durante años se les ha observado con un comportamiento relativamente previsible. Sonríen, enseñan casas, hablan de “luz natural” incluso en sótanos, y siempre conocen a alguien que “está buscando algo justo como esto”.
Pero a veces, en determinados contextos de escasez, competencia feroz o simple ambición desmedida, el agente sufre una mutación. De profesional pasa a depredador. Y no un depredador cualquiera. Se convierte en antropófago.
No es que muerda —todavía—, pero empieza a alimentarse de los de su propia especie.
Primero llegan los pequeños bocados:
“Ese agente no trabaja bien esa zona…”
“Yo he oído que esa inmobiliaria cobra demasiado…”
“Si me das la casa a mí, te aseguro que no como otros…”
Y así, entre sonrisa y sonrisa, algunos agentes descubren que el menú del día no es captar viviendas… sino devorar reputaciones.
El fenómeno es fascinante desde un punto de vista casi antropológico. En lugar de colaborar para dignificar el oficio, algunos deciden practicar el canibalismo profesional: desacreditar al compañero, intentar robar la captación ajena o presentarse como el único ser racional en una jungla de incompetentes.
Lo curioso es que, en este ecosistema, el vendedor suele observar la escena con cierta perplejidad. Porque cuando un agente habla mal de todos los demás, inevitablemente surge una duda sencilla:
“Si todos son tan malos… ¿Cómo sé que usted no es el siguiente en el menú?”
Los agentes antropófagos, sin embargo, rara vez reflexionan sobre eso. Están demasiado ocupados afilando los cubiertos.
Mientras tanto, en silencio, otros profesionales siguen trabajando de una forma mucho menos espectacular: asesorando, valorando con honestidad, negociando con respeto y entendiendo que el mercado inmobiliario no es una selva… aunque algunos se empeñen en convertirlo en un buffet libre de compañeros.
Y así conviven dos especies:
los que construyen confianza…
y los que prefieren comerse al vecino.
La ironía final es que el mercado, como la naturaleza, suele ser sabio: tarde o temprano, los antropófagos terminan descubriendo que cuando uno se acostumbra a devorar a los suyos… acaba quedándose solo en la mesa. 🍽️🏠