27/03/2026
Lo primero que llama la atención de este tinto es que no es un vino para complicarse la vida, ni pretende serlo.
Marc Isart ha recuperado viñas viejas de Malvar y Tinto Fino en Chinchón, Belmonte de Tajo y Colmenar de Oreja, muchas de ellas abandonadas durante décadas, y las ha devuelto a la vida con una delicadeza que se nota en cada sorbo.
El trabajo en la bodega, una antigua fábrica de trajes reconvertida, es artesanal: la Tinto Fino se despalilla y fermenta en depósitos de cemento junto al mosto de Malvar, logrando un equilibrio sorprendente entre ambas variedades.
En nariz, se nos abre con una energía que sorprende: cerezas, frambuesas y frutos rojos frescos se mezclan con un punto herbal y un ligero toque especiado que invita a seguir oliendo y descubrir matices. No es un vino complejo de libro, pero sí lleno de carácter que transmite la tierra de donde viene, el sur-este de Madrid, y ese respeto por las cepas antiguas que Marc Isart.
Al beberlo, su ligereza y frescura son la verdadera firma del proyecto. Tanino presente, pero amable, acidez equilibrada y toques de regaliz que lo hacen fácil de disfrutar incluso solo, sin necesidad de grandes acompañamientos. Es ese tipo de vino que da ganas de repetir copa y que cumple a la perfección con la intención de Isart, es decir, un vino para quitar la sed, para disfrutar a diario y para que cada sorbo te recuerde que beber puede ser sencillo y placentero a la vez.
Y no podemos olvidar el maridaje. Este vino madrileño encaja de maravilla con un aperitivo, tapas variadas o incluso platos de caza menor. Un compañero perfecto para acompañar comidas informales o cenas entre amigos.
Artículo de Gustavo Higueruela