22/04/2023
Admirada por Le Corbusier, Sert, Rodríguez Arias y otros grandes maestros arquitectos del siglo XX, la vivienda tradicional rural ibicenca, es uno de los grandes tesoros de la isla. Verdaderas joyas de líneas simples y funcionales que hablan de la que fue la vida de los ibicencos hasta prácticamente el último tercio del siglo pasado.
Formadas por módulos cúbicos que iban sumándose según las necesidades y recursos de la familia, las viviendas payesas se construían aisladamente por el territorio, lo que obligaba a la mayor autosuficiencia posible. Así, no podían faltar elementos de gran importancia como el pozo, el horno y la cisterna, la cual recogía el agua de lluvia que se escurría desde la azotea. La casa payesa, se construía en torno al porxo, la sala principal que hacía las veces de vestíbulo, espacio de trabajo y lugar de encuentro. Si los propietarios de la vivienda eran prósperos, levantaban entonces la planta superior y, en ella, el porxet, una balconada habitualmente decorada con tres arcos.