Tenerife es felicidad, es un privilegio y no lo digo a la ligera, lo digo con conocimiento de causa. Y es que llevaba 6 años viviendo en Madrid, una ciudad grande, la capital de España, fuerte, competitiva, hermosa… la quiero mucho porque Madrid me dio una segunda oportunidad, es donde encontré la pasión por este sector, donde me he formado profesionalmente y también donde me he visto renacer de l
a nada y crecer en lo personal. Pero cada vez que regresaba a Tenerife por vacaciones de verano o invierno, la sensación que me embargaba era la misma: una sensación de calor, de emoción, de paz, de felicidad, de estar en casa. Simplemente al bajar en coche desde Los Rodeos hacia Santa Cruz y ver el mar hacía que en mi boca se esbozara una gran sonrisa. Nunca me había dado cuenta del todo lo maravillosa que es nuestra tierra y nuestra gente, hasta que vives fuera y lo percibes en las pequeñas cosas, como comer una cabrilla o un escaldón, que pasó de ser lo normal a un deseo irrefrenable por volver a degustarlos cada vez que volvía de vacaciones; el deseo por recorrer y descubrir rincones nuevos y únicos en nuestra naturaleza, la paz que me transmitía estar horas y horas en la playa, el calor al hablar con gente de la tierra. En esta nueva etapa de mi vida he vuelto a mi isla para estar junto a los míos y dedicarme a un sector que me encanta, con ganas de ayudar, de conocer y de seguir aprendiendo. He adquirido mucha experiencia y conocimientos en marketing, tanto digital como offline, con los que sé que puedo ayudar a propietarios y compradores a alcanzar sus objetivos. Desde mi inmobiliaria quiero arrojar luz en un sector oscuro y trabajarlo desde la más absoluta honestidad y sinceridad. Poniendo al servicio las últimas novedades digitales y ser una inmobiliaria moderna a la vanguardia del sector. Siempre digo que yo no hago magia, que lo que hay detrás son conocimientos, experiencia, mucho trabajo, ganas de hacer las cosas bien y seguir aprendiendo.