17/09/2026
Bueno, pues la decisión está tomada: me hago suizo.
Resulta que he descubierto que un abuelo mío, en plena posguerra, hizo las maletas y se fue a trabajar a Suiza. Y claro, entiendo que, siguiendo las más nobles tradiciones administrativas que tanto admiramos en algunos lugares, eso me convierte prácticamente en ciudadano suizo de pleno derecho.
No conozco Suiza. Nunca he estado allí. Tampoco tengo intención de dejar Alicante, porque aquí se vive de maravilla y, sinceramente, cambiar el sol por la niebla sería una irresponsabilidad climática.
Pero eso no debe ser un obstáculo.
Como nuevo suizo, considero que tengo derecho a participar activamente en la vida política del país. Quiero votar para elegir al dirigente de turno, opinar sobre asuntos nacionales que apenas sé situar en un mapa y contribuir decisivamente al futuro de una nación que acabo de descubrir que llevo en la sangre desde hace unas horas.
Por supuesto, también espero acceso inmediato al sistema sanitario suizo. No porque lo necesite ahora mismo, sino porque queda feo tener un derecho y no reclamarlo.
Y ya que estamos, tampoco quiero privarme de las ayudas sociales, prestaciones, subvenciones, pensiones y cualquier otro beneficio económico que el país tenga a bien repartir entre sus queridos compatriotas. La integración cultural está muy bien, pero la integración financiera también tiene su encanto.
Estoy convencido de que no habrá ningún problema. Y si por alguna extraña razón la burocracia pusiera alguna pega, siempre puedo acercarme con un bote a las orillas del Lago de Giniebra , solicitar que me atienda la Cruz Roja, declarar que necesito ayuda para regularizar mi situación helvética y esperar pacientemente a que me solucionen todo el papeleo.
Porque, al fin y al cabo, la nacionalidad es un sentimiento profundo. Sobre todo cuando viene acompañada de derechos, servicios y prestaciones.
Gracias, Suiza.
Qué bonita eres.
Y qué emoción descubrir que uno puede enamorarse de un país sin haberlo visitado nunca, sin hablar ninguno de sus idiomas y sin tener la más mínima intención de vivir allí. Qué maravilla esto de las raíces familiares cuando florecen justo donde crecen los beneficios.