10/10/2026
Ten cuidado con lo que pides, porque podrías recibirlo.
Y si no estás preparado para sostener lo que pediste, puede que no te guste demasiado el desorden que siempre trae pasar a un siguiente nivel.
Yo pedí expansión. Y la vida me respondió con oportunidades reales de expansión: dos edificios en dos países distintos, inversiones importantes, un posible proyecto de alojamientos con cafetería en una zona top de Asunción, más alumnos, una plataforma que cada vez se parece más a un ecosistema para Property Managers.
Y estos días entendí algo bastante simple: lo que pediste no cabe en el ritmo de vida con el que lo pediste.
Todo eso exige otro nivel de ritmo, y otro nivel de ritmo trae desorden. Hay hábitos que ya no sirven, personas que ya no coinciden, ciclos que ya cumplieron su función y una estructura anterior que ya no alcanza para sostener la nueva realidad.
Y ese caos es incómodo.
Frente a la incomodidad puedes reaccionar de muchas formas. Puedes huir distrayéndote en TikTok o Netflix. Puedes anestesiarte cayendo en tentaciones, p***o, libertinaje o encuentros casuales. Puedes apagar la mente refugiándote en fiestas, alcohol o dr**as.
En estos días me di cuenta de que justo las distracciones y las tentaciones se hacen más fuertes cuando estoy a punto de subir de nivel. Muchos lo llaman autosabotaje, y tiene bastante sentido: es justo lo que te limita, te devuelve a tu zona de confort y puede hacer que todo lo que estaba a punto de llegar se vaya.
Y quiero ser totalmente honesto con esto, porque si no estaría escribiendo desde un lugar que no es real.
Justo ahora caí en una tentación. No cumplí mi palabra y fui incoherente con algo que había decidido.
No quiero dramatizarlo, pero tampoco suavizarlo. Hay culpa, y primero tengo que ser consciente de ella, transitarla y entender qué pasó. Después perdonarme y recomprometerme.
Pero también entendí algo importante: perdonarte no puede convertirse en darte permiso para repetir siempre los mismos patrones.
No queremos aprender a convivir con nuestra incoherencia. Queremos reducirla.
No trabajamos internamente para ser perfectos, porque eso no existe. Trabajamos para que cada vez haya menos distancia entre lo que decimos que queremos y cómo vivimos de verdad.
Para mí, la reacción más coherente y útil ahora no es huir del desorden, sino atravesarlo. Vivir el caos sin escapar de él. Cerrar los ciclos que ya terminaron su función. Dejar atrás hábitos y personas que ya no vibran con la nueva realidad. Aumentar el ritmo, pero manteniendo alta la presencia para no convertir crecimiento en agotamiento.
Porque el siguiente nivel no llega ordenado.
Llega rompiendo el orden anterior.
Y quizá de eso se trate crecer: de demostrar que puedes sostener aquello que un día pediste sin volver corriendo a lo conocido cada vez que aparece la incomodidad.
Si quieres jugar en el siguiente nivel del videojuego, primero tienes que atravesar el caos que aparece antes de entrar.