20/09/2025
Me escapé de mis secuestradores
En 1990, la vida del arquitecto mexicano Bosco Gutiérrez Cortina cambió de golpe.
Un comando lo secuestró y lo encerró en una celda diminuta: 1.25 metros por 3.
Era un cuarto de concreto, sin ventanas, sin reloj, sin aire fresco.
Un espacio tan estrecho que solo podía dar tres pasos y regresar.
Ahí pasó 257 días.
Casi nueve meses en un silencio insoportable, aislado del mundo, sin saber si volvería a ver a su familia.
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🧠 La disciplina contra la locura
En ese encierro, Bosco entendió que, si dejaba que el miedo lo dominara, estaba perdido.
Así que diseñó su propia rutina para no quebrarse:
🙏 Rezaba horas enteras cada día, hasta ocho, para mantener la esperanza.
💪 Se obligaba a ejercitarse, inventando rutinas en un espacio donde apenas cabía de pie.
✍️ Cuando le dieron lápiz y papel, fingió dibujar… pero en realidad escribía notas y hacía planos de la celda para mantener su mente activa.
🕰️ Inventó un horario ficticio para no perder la noción del tiempo.
Su fe y su disciplina se convirtieron en su resistencia.
Aunque estaba rodeado de paredes, se repetía: “Mi mente es más grande que esta celda”.
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El momento de escapar
Después de 257 días de encierro, Bosco vio una oportunidad de huir.
Cuando logró salir del lugar donde lo tenían, lo primero que hizo fue subirse a un taxi rumbo a Ciudad de México.
Pidió al conductor que lo llevara hacia el Hospital Ángeles, cerca de la casa de su padre. Pensaba llegar ahí porque sabía que había seguridad.
Pero el destino le tenía preparada otra escena.
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El reencuentro
Mientras el taxi avanzaba, Bosco reconoció de pronto la camioneta de su esposa Gabi, que venía acompañada de sus siete hijos.
Le pidió al chofer que se detuviera y bajó corriendo.
Con la voz quebrada, flaco, barbón e irreconocible, gritó:
“¡Me escapé!”
Gabi salió del coche y lo abrazó con fuerza.
Sus hijos, confundidos, lloraban: después de tantos meses, no lo reconocían.
Había vuelto… pero no era el mismo.
Ese instante, en medio de la calle, fue el verdadero final de su secuestro: el abrazo de la libertad.
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Dato curioso
Durante el cautiverio pidió lápiz y papel como distracción.
Sus captores creían que dibujaba, pero en realidad estaba organizando su mente con mapas, esquemas y notas para no enloquecer.
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Bosco Gutiérrez no solo sobrevivió a uno de los secuestros más largos de México:
Hoy cuenta su historia como ejemplo de resiliencia, fe y resistencia mental.
Porque algunas cárceles tienen barrotes…
y otras solo existen si uno se rinde.
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Fuentes:
• Podcast Más allá del rosa con Bosco Gutiérrez
• Entrevistas a Bosco sobre su secuestro (1990)
• película Espacio interior (2012)