23/03/2017
El próximo domingo 2 de abril adelantaremos nuestros relojes una hora para aprovechar la luz solar durante una hora más por las tardes, sacrificando una hora por las mañanas.
El horario de verano fue utilizado por primera vez durante la Primera Guerra Mundial, con el objetivo de ahorrar carbón en la industria y en las casas para destinarlo a uso militar. Alemania y las potencias fueron los primeros estados en aplicar el cambio en 1916.
En nuestro país, el horario de verano se implementó en 1996, salvo en Sonora, estado en el que no se aplica el horario de verano (a la par de su vecino estado estadounidense de Arizona, en el que tampoco se aplica este cambio de horario) y funciona en dos fases:
La primera, en 33 municipios fronterizos del Norte inicia el segundo domingo de marzo y termina el primer domingo de noviembre, a fin de homologar su horario con el de la zona fronteriza estadounidense, cuyo horario cambia en esas mismas fechas; y segundo, en el resto del país (salvo en Sonora y Quintana Roo) inicia el primer domingo de abril y termina el último domingo de octubre, sin distinción entre los estados septentrionales, en los que la medida es más que atinada por lo marcado de las estaciones del año, y los estados del sur del país en los que los cambios de estaciones son menos notorios.
Según datos del Fideicomiso para el Ahorro de Energía Eléctrica, organismo encargado de dar seguimiento a los efectos económicos del cambio de horario, de 1996 a 2014 con el horario de verano en nuestro país se ahorraron 21,807 GWh en consumo de energía eléctrica y sólo en 2014 el ahorro económico alcanzó los 1,499 millones de pesos, equivalentes a 1.4 millones de barriles de petróleo no consumidos y a emisiones evitadas de dióxido de carbono equivalentes a 546,000 toneladas de CO2.
Para muchos la única justificación de adelantar el reloj y empezar nuestros días aún de noche, es que haya un ahorro de energía a pesar de que se incrementa el empleo de luz artificial por la mañana. Se ha cuestionado que dicho ahorro no se ve reflejado de manera contundente en los recibos de la energía que pagamos pero hay que ser conscientes de que existe un beneficio para nuestra sociedad y una importante contribución con el medio ambiente. Bien vale la pena el sacrificio de sentirnos desvelados una semana (alteración de los ritmos circadianos) en lo que se adapta nuestro cuerpo si eso implica que México emita menos contaminantes a la atmósfera y que pongamos nuestro granito de arena para que la calidad del aire sea mejor.