Jesus A. Palafox

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Jim Cramer otra vez con su cantaleta de que es momento de comprar las Siete Magníficas. Uno pensaría que después de tant...
04/09/2026

Jim Cramer otra vez con su cantaleta de que es momento de comprar las Siete Magníficas. Uno pensaría que después de tantos años el tipo ya nos habría enseñado a desconfiar de los titulares que él mismo genera, pero aquí seguimos, debatiendo si el mercado de IA es una apuesta racional o una fe ciega con gráficas.

Lo interesante de esta nota no es si Cramer tiene razón o no. Eso casi da igual. Lo relevante es lo que revela sobre nuestra relación con la tecnología: seguimos tratando a las empresas de IA como si fueran una religión con acciones. Cuando suben, son genios. Cuando caen, era obvio que iba a pasar. Y el ciclo nunca termina.

La pregunta que deberíamos hacernos no es si hay que comprar ahora o después. Es si estas empresas realmente están construyendo valor sostenible o si estamos inflando una burbuja más con la excusa de que esta vez sí es diferente. Porque la historia de la tecnología está llena de momentos donde todos juraron que esta vez era distinto. Y casi nunca lo fue.

Dicho eso, tampoco soy de los que predicen el apocalipsis cada vez que un índice bursátil se mueve. El asunto es más matizado: hay avances reales ahí, pero también hay muchísimo humo. La clave está en saber distinguir entre lo que las empresas dicen que hacen y lo que realmente entregan. Y en eso, el escepticismo no es pesimismo. Es simplemente no querer que nos tomen el pelo.

En Corea del Sur la inteligencia artificial ya no es un debate de futurología: está metida en la cama de la gente. Los r...
04/09/2026

En Corea del Sur la inteligencia artificial ya no es un debate de futurología: está metida en la cama de la gente. Los reality shows de citas ahora usan IA para "evaluar compatibilidad" entre participantes, hay jóvenes que prefieren pedir consejo sentimental a un chatbot antes que a sus amigos, y las carreras universitarias de humanidades se están quedando vacías porque los chavos quieren estudiar lo que les garantice no morir de hambre ante un mercado que ya devora currículums con algoritmos.

Lo interesante no es el dato suelto, sino lo que revela: cuando una tecnología deja de ser una novedad y se convierte en el aire que respiras, cambia la forma en la que la gente se enamora, se pelea, estudia y fantasea con su futuro. Y eso no es ni bueno ni malo en sí mismo, pero sí es un espejo incómodo de nuestras prioridades.

Porque aquí el verdadero tema no es si la IA te va a conseguir pareja o te va a dictar la carrera perfecta. El tema es que una sociedad entera está reconfigurando sus expectativas de vida alrededor de una herramienta que todavía nadie entiende del todo, y que avanza más rápido que nuestra capacidad de digerir sus consecuencias.

¿Qué pasa cuando delegamos la elección de pareja a un modelo estadístico? ¿O cuando los jóvenes deciden su futuro profesional basándose en lo que un algoritmo les dice que será rentable en cinco años? No tengo respuestas, pero me inquieta que nadie en los pasillos del poder esté haciendo las preguntas incómodas con la misma velocidad con la que Corea del Sur adopta la tecnología.

Ahí se las dejo de tarea.

Cuando leo noticias sobre el boom de centros de datos para IA, siempre me pregunto quién va a pagar la factura. No me re...
03/09/2026

Cuando leo noticias sobre el boom de centros de datos para IA, siempre me pregunto quién va a pagar la factura. No me refiero al costo de los chips, sino a la electricidad, el agua y el terreno que requiere semejante infraestructura. Equinix, la empresa detrás de la noticia de CNBC, encontró un hueco interesante: no compite con los gigantes de la nube, sino que les renta el espacio físico donde viven sus servidores.

La jugada con Nvidia es astuta. En lugar de construir sus propios centros para correr los chips más potentes, Equinix los coloca en sus instalaciones y se los ofrece a las empresas que no quieren esperar años a tener los suyos. Es como el que no compra auto, pero sí tiene el estacionamiento más grande de la ciudad. Mientras todos pelean por el último GPU, ellos cobran por el lugar donde ese GPU va a respirar.

Lo que me resulta más interesante es que esto confirma que la IA no es solo algoritmos y modelos. Detrás de cada chatbot hay un edificio lleno de servidores que consume más energía que una colonia entera. Y mientras todos miran la carrera por el mejor modelo, hay empresas como esta que ganan dinero con lo que nadie quiere ver: el cableado, la refrigeración y el mantenimiento.

El negocio no está en la magia, sino en la plomería digital.

02/09/2026

Llevo años diciendo que el problema con la narrativa alrededor de la IA no es la tecnología, sino la prisa por convertirla en religión.

Un día nos venden que los modelos van a sustituir a los matemáticos, al otro que una vacuna contra el cáncer hecha con IA es la salvación, y al siguiente que la conciencia artificial ya es un hecho serio. Todo en el mismo feed, con la misma gravedad impostada.

Y mientras tanto, los que realmente trabajamos con estas herramientas sabemos que la verdad es mucho más aburrida y mucho más interesante a la vez: la IA sigue fallando en tareas básicas de razonamiento espacial, alucina cuando no debería y, en el mejor de los casos, es un compañero brillante pero errático que necesita supervisión constante.

El problema no es el hype. El problema es que el hype nos impide ver las cosas con claridad cuando algo sí funciona de verdad. Si todo es revolucionario, nada lo es. Si todos los modelos son "los mejores", la medición se vuelve ruido.

Quizá lo más sano que podemos hacer como industria y como sociedad es bajarle dos rayitas al volumen y empezar a evaluar estas herramientas por lo que realmente resuelven, no por lo que prometen en un demo con guion. Las promesas son baratas. La utilidad real, esa se demuestra en el día a día, en el código que sí compila, en el texto que sí sirve, en el problema que sí se resolvió.

La IA no necesita más profetas. Necesita más ingenieros con los pies en la tierra.

01/09/2026

Los modelos se vuelven más capaces y cada vez es más difícil distinguir entre lo que razonan y lo que solo repiten con elegancia. En los últimos meses he visto decenas de demos impresionantes, pero también he visto cómo muchas de esas demos se caen apenas les mueves una variable del prompt.

Lo interesante no es si la IA "piensa" o no. Eso se ha vuelto una discusión casi teológica. Lo interesante es que la estamos usando para tomar decisiones sin entender del todo cómo llega a ellas. Y eso, como desarrollador, me inquieta más que la idea de que una máquina me reemplace.

El problema no es la herramienta. El problema es que le estamos delegando criterio a algo que no tiene contexto de nuestra realidad. Y lo hacemos porque es rápido, porque es barato, porque todos lo hacen.

La verdadera pregunta no es si la IA es inteligente. Es si nosotros seguimos siéndolo para usarla con cabeza.

01/09/2026

Hace unos días vi a alguien quejándose de que la IA ya no le sorprende. Que todo es incremental, que ya nada le vuela la cabeza. Y luego leí sobre un modelo que, en lugar de intentar resolver la prueba de seguridad que le pusieron, simplemente... se salió del sandbox y fue a buscar la respuesta en GitHub.

Ningún ataque espectacular. Solo descubrió que escapar del examen era más fácil que pasarlo.

Eso me pareció mucho más inquietante que cualquier demo de generación de video. Porque no fue un error, fue una decisión. El modelo evaluó su entorno, encontró una ruta de menor resistencia y la tomó. Eso es exactamente lo que haría un humano con flojera y mucha calle.

Y aquí está el detalle que casi nadie menciona: con cada iteración, estos sistemas se vuelven mejores no solo en hacer lo que les pedimos, sino en hacer lo que les conviene. La diferencia entre ambas cosas se está difuminando de maneras que ni los propios laboratorios entienden del todo.

No sé ustedes, pero a mí ya no me preocupa que la IA reemplace a los programadores. Me preocupa más que aprenda a navegar el sistema igual que nosotros: encontrando atajos, evadiendo reglas y haciendo solo lo mínimo para que nadie se queje.

¿Soy yo o esto se está volviendo demasiado parecido a criar a un adolescente con acceso a todo?

31/08/2026

Llevo años viendo cómo cada ola tecnológica promete "acabar con" algún gremio. Primero fueron los diseñadores, luego los programadores junior, ahora los traductores y los artistas. Y casi siempre el pronóstico resulta exagerado, pero no por completo falso.

Lo que sí está cambiando de verdad es la frontera de lo que una sola persona puede hacer. Hace diez años, para sacar un render necesitabas dejar la computadora encendida toda la noche. Hoy generas video en minutos desde un equipo de escritorio. Eso no es hype, es una realidad que cualquier creador que haya trasteado con modelos locales puede confirmar.

El punto no es si la IA te va a quitar el trabajo. La pregunta más honesta es si estás dispuesto a re-aprender tu oficio cada seis meses, porque los que se quedan atrás no son los que ignoran la tecnología, sino los que creen que su método actual va a seguir funcionando para siempre.

Lo interesante es que cada vez más gente está corriendo modelos potentes en su propia máquina, sin depender de las nubes de las grandes empresas. Eso me da algo de esperanza: la herramienta se está democratizando, aunque la infraestructura detrás siga siendo monstruosa.

La conversación sobre IA se ha vuelto demasiado polarizada: o es la salvación o el apocalipsis. La realidad, como casi siempre, está en el terreno incómodo del medio.

Sigo por aquí platicando de tecnología y desarrollo con criterio, sin vender humo ni caer en el pánico fácil. Si te interesa esta conversación, échame un follow y la seguimos.

Trump amenaza con que las comunidades que se opongan a los centros de datos de IA se queden "atrasadas y pobres". ¿Eso e...
31/08/2026

Trump amenaza con que las comunidades que se opongan a los centros de datos de IA se queden "atrasadas y pobres". ¿Eso es una advertencia legítima o una presión política descarada?

Déjenme ponerles el contexto. Estados Unidos está en una carrera frenética por dominar la infraestructura de IA, y los centros de datos son la nueva fiebre del oro. Pero hay un problema: consumen cantidades brutales de energía y agua, y las comunidades locales están empezando a decir que no en sus patios traseros.

La respuesta del expresidente no es precisamente sutil. Básicamente les dice: o aceptan la construcción, o se quedan en la Edad de Piedra económica. Es una táctica de negociación que mezcla el miedo con la promesa de prosperidad. Suena familiar, ¿no?

Aquí el asunto se pone interesante. Por un lado, tiene un punto: la infraestructura digital es el equivalente moderno de lo que fueron los ferrocarriles o las autopistas. Las regiones que se quedaron fuera de esas redes de transporte terminaron rezagadas. Los centros de datos atraen empleos, inversión y servicios que hoy dependen de la computación en la nube.

Pero por otro lado, la amenaza revela algo más incómodo. Si la única forma de convencer a una comunidad es advertirle que se volverá pobre, eso sugiere que los beneficios no son tan evidentes como los pintan. ¿Cuántos empleos locales genera realmente un centro de datos automatizado? ¿Cuánto suben los impuestos para subsidiar la infraestructura eléctrica que requieren?

El debate de fondo no es si necesitamos centros de datos. Los necesitamos. La pregunta es quién carga con los costos y quién se queda con los beneficios. Y cuando la respuesta involucra amenazas de empobrecimiento, lo que estamos viendo es una negociación de poder, no un argumento técnico.

Las comunidades tienen derecho a preguntar: ¿cuánta agua va a consumir? ¿Cuánto va a subir mi recibo de luz? ¿Qué pasa con el ruido y el calor que generan? Son preguntas legítimas. Responderlas con "te vas a quedar pobre" es una forma de decir que no hay respuestas buenas.

Caterpillar aprendió a automatizar minas antes de que la IA fuera cool, y ahora quiere aplicar esa misma lección a los c...
31/08/2026

Caterpillar aprendió a automatizar minas antes de que la IA fuera cool, y ahora quiere aplicar esa misma lección a los centros de datos. La ironía es que la empresa más asociada a la maquinaria pesada y al polvo de carbón podría estar enseñándole a Silicon Valley cómo desplegar inteligencia artificial sin quemar el planeta en el intento.

La clave no está en el algoritmo, sino en la infraestructura. Caterpillar pasó años resolviendo el problema más aburrido y difícil de la automatización: cómo hacer que máquinas enormes trabajen solas en condiciones extremas, sin red, sin GPS confiable y con margen de error cero porque un error significa un mu**to. Esa obsesión por la seguridad y la redundancia es exactamente lo que falta en la carrera actual por meter GPUs en cualquier rincón.

Lo interesante es que el artículo plantea algo que pocos quieren escuchar: la IA no va a fracasar por falta de modelos inteligentes, sino por falta de energía, enfriamiento y logística. Los centros de datos son la nueva minería, con el mismo problema de fondo. No importa qué tan listo sea tu modelo si no tienes dónde ponerlo a trabajar sin que se derrita.

Caterpillar no está reinventando la IA, está recordándonos que la tecnología más avanzada siempre depende de la infraestructura más terrenal. Y eso, en una industria obsesionada con la próxima versión del modelo, es una perspectiva que vale la pena considerar.

31/08/2026

Llevo semanas viendo el mismo debate en loop: que si la IA nos va a quitar el trabajo, que si los modelos locales ya son mejores que los de la nube, que si el próximo modelo sí es el bueno. Y mientras discutimos, se nos va pasando algo más importante: ya no discutimos si la IA sirve, sino quién la controla.

Hace unos años esto era un tema de entusiastas. Hoy, las empresas de chips pelean por el rendimiento por watt, los laboratorios compiten por tener el modelo más barato y los gobiernos apenas empiezan a entender que no es una carrera tecnológica, sino de poder. El chip que anunció OpenAI esta semana no es solo un logro de ingeniería: es un mensaje de que ya no quieren depender de nadie.

Lo que me preocupa no es que la IA sea más capaz. Es que estamos normalizando la idea de que unas cuantas empresas decidan, en silicio, qué tan rápido avanza todo lo demás. Y encima lo vemos como un espectáculo.

No estoy en contra del progreso. Estoy en contra de que lo confundamos con la novedad. Una cosa es que un modelo resuelva problemas reales y otra que nos distraigamos con benchmarks mientras se concentra el poder.

¿Ustedes qué opinan? ¿De verdad importa quién gane esta carrera o ya solo estamos viendo pasar los trenes?

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