10/06/2026
Rompiendo el silencio
El eco del ikaro resonaba en la habitación, la luz temblorosa de las velas pintaba las paredes de rojo y amarillo, mientras la oscuridad danzaba entre las sombras. El espacio se sentía lento, espeso, como si el aire hubiese olvidado ser aire y se hubiera transformado en agua, los sueños parecían flotar entre nosotros, suspendidos en un tiempo distinto.
Y entonces la escuché, con la nitidez de un abrazo, su presencia se volvió tierna, serena, como la maestra que confía plenamente en lo que ha enseñado.
-Anda, ve acompaña y escucha tu corazón... Tú ya atravesaste esa historia, ahora camina a su lado.
Sus palabras me envolvieron mientras el recuerdo regresaba acompañado del miedo.
-Deja de temer... Es solo un recuerdo... Aunque haya sido profundo, ya no es tuyo... Es más pequeño de lo que fue...La magnitud que percibes también es un recuerdo.
Asentí y en ese instante el impulso borró el miedo, el mensaje era claro... si lo permitía, el dolor añejo podía invadirme sin sentido, reclamando un espacio que ya no le pertenecía. Era solo una sombra intentando parecer más grande de lo que realmente era; me puse de pie y caminé lentamente hacia ellos.
La encontré llena de angustia, cargando silencios, palabras a medias, miedos eternos y me acerque
-Respira profundo...No estás sola... Recuerda que para recibir ayuda primero hay que aprender a pedirla... Llevas muchos años cargando tus silencios, queriendo solucionar lo que no está a tu alcance, acepta la mano que se extiende no hay nada de malo en recibir ayuda, habla... Solo deja que se exprese el alma..
Sus ojos se llenaron de agua. Las lágrimas comenzaron a rodar por sus mejillas, encontrando al fin una salida después de tanto tiempo buscando una puerta.
Continúe y me acerqué a él... El sobresalto recorrió su cuerpo.
-Respira... Deja que corra, no trates de controlarlo...
Mientras daba pequeños golpes en su espalda, lo invitaba a soltar.
-A veces necesitamos sentir el enojo, la incomodidad y la desesperación antes de poder comprenderlas. No pretendas entender algo que ni siquiera te has permitido sentir... Deja que llegue... Sopla con fuerza... Permite que fluya.
Frunció el ceño y entonces llegó, como una tormenta que llevaba años reuniéndose detrás de una presa.
Continué avanzando, ella respiraba apenas, como quien lleva demasiado tiempo ocupando el menor espacio posible. Coloqué mi mano en su espalda y acompañé mi respiración con la suya.
-Tranquila...Ya estás aquí... ¿De qué te sirve seguir callando para evitar el dolor? Abre la boca... Deja que las palabras encuentren el camino... Lo que se nombra comienza a sanar.
Al escucharme comenzó a hablar, primero una frase, después otra y finalmente el llanto brotó llevándose consigo fragmentos de una historia que había cargado demasiado tiempo sola.
Lo vi a él, golpeé suavemente su costado y respiré a su ritmo, sonrió.-Gracias -susurró y me acerqué un poco más.
-También la alegría se reprime cuando creemos que no la merecemos. Si necesitas reír, ríe... Recuerda que el llamado es tuyo.
Comenzó a reír, la rigidez abandonó lentamente su cuerpo. La risa creció, se quebró y se transformó en llanto, porque a veces ambas emociones nacen de la misma raíz y recorren el mismo camino hacia la libertad.
Entonces un calor sutil invadió el espacio, la medicina habló una vez más.
-Recuérdales el poder de su voz... Necesitan hablar aunque no tenga sentido... Su silencio nació de la culpa y del miedo... Dejaron de hablarse a sí mismos para evitar conflictos, sin darse cuenta de que se hundían un poco más con cada palabra guardada.
La voz hizo una pausa.
-Hoy hablarán desde el corazón...Contarán su historia sin esconderse de ella... Y cuando aprendan a nombrar sus pasos, sus caídas y sus heridas, descubrirán que no fueron caminos vacíos, sino senderos vividos. Solo entonces serán libres...Solo entonces comprenderán el valor de todo lo que han recorrido.
Relatos de camino. Javier
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Pd: pregunta por el próximo encuentro en tu ciudad