07/04/2018
MINI TALLER
Lee el cuento:
El misterioso cuadro de Claribel
Claribel despierta sobresaltada y de inmediato se dispone a pintar su pesadilla. Busca con desesperación entre los materiales de Donaldo. Reúne carboncillos, pintura y pinceles. Quiere retener el sueño, plasmarlo y observarlo. Es un impulso. Le parece un absurdo porque ella no sabe dibujar. Sin embargo, presiente que eso la tranquilizará y confía en ello porque ha aprendido a escuchar sus corazonadas. Además, hoy regresa Donaldo. Cuando llegue se esfumarán sus temores. Él la escuchará en medio de un abrazo y la reconfortará con cálidos besos, como los que le regala frente a sus cuadros cada vez que concluye una obra. “Así los firmaré de hoy en adelante”, le prometió desde que terminó el primer lienzo que pintó cuando comenzaron a vivir juntos. Era un retrato de ella desnuda en la cocina que tituló Claribel a fuego lento. “Tú alimentas mi alma y mi cuerpo”, le había dicho.
Lo poco que conoce de trazos, colores y plasticidad lo había aprendido visitando exposiciones con Donaldo o viéndolo pintar tardes enteras. En algunas de esas ocasiones él la invitaba a su lado, le entregaba un pincel, la colocaba frente al lienzo y él se ponía a su espalda, se abrazaba tiernamente a ella y conducía amorosamente su mano. “Qué afortunado soy de poder hacer las dos cosas que más amo a la vez”, le susurraba al oído. Y Claribel sentía que cada pincelada era una extensión del amor que se tenían. “Mis mejores obras son las que he realizado contigo”, le confesó tres meses después. En el fondo pensó que sólo pretendía halagarla. “Seguro que a Larissa le decías lo mismo”. Él le aseguró que con Larissa jamás pintó un cuadro que lo apasionara. Si bien su esposa le sirvió varias veces de modelo, jamás compartió su entusiasmo por el arte. Es esquemática, llena de paradigmas, rígida como una piedra. Quizá por eso podía quedarse inmóvil por horas, como una estatua. Donaldo le aclaró que junto a Larissa las musas acudían del exterior, de lo observado y lo vivido, no de la vida misma, esa que brota del interior, del corazón y que se pinta con los colores del alma. Y la llenó de óleos, temperas, acuarelas, y la secó con un lienzo que tituló Colores del alma.
Sumida en sus pensamientos Claribel fue pintando su visión casi dormida, en trance. Ya no había miedo. Se sentía como cuando Donaldo dirigía su mano. Y su vida también. Porque él la había llevado hasta ese punto de extrema felicidad. La conoció en la facultad de Bellas Artes donde era profesor. La sacó de su cómodo trabajo de oficinista y la llevó a recorrer mundo: México, Madrid, Nueva York, Londres, París, Tokyo. Y después de visitar tantas ciudades se mudaron a un pequeño pero lujoso apartamento que compró en el Casco Viejo. Aquí compartirían un mismo destino. Le había jurado que al regresar de su próxima exposición en Londres terminaría definitivamente con Larissa. Le dio su palabra de que siempre la cuidaría, que ni mu**to se alejaría de su lado. Ya no habría más años de amor furtivo. Y como primera prueba título su exposición “Adiós y Hola”. En ella reuniría una muestra de sus inicios artísticos y de su etapa más reciente. Como pieza central eligió Claribel a fuego lento, pero no la pondría a la venta, porque para él representaba el final de una vida y el comienzo de otra. Lo siguiente sería despedirse de su esposa.
Cuando Claribel intuyó que el cuadro estaba listo abrió los ojos. Para su sorpresa la imagen de un puñal penetrando un estómago resultó igual al sueño. Inconcientemente la pintó detrás del lienzo Colores del alma. Sin embargo, lo más misterioso era que parecía pintada por el propio Donaldo. Tenía sus trazos y su técnica. Pero lo que más la asustó fue que el pincel estaba completamente seco. Miró el reverso de la tela, y descubrió que la pintura original chorreaba empapando el piso con mil matices. Un pálpito le sugería que algo le había ocurrido a su amante.
En eso el timbre de su celular interrumpió su presentimiento. Era un mensaje de texto de Donaldo que con inusual parquedad le pedía “recógeme”. Si bien la entristeció leer tan sencilla solicitud en una pantalla y no escucharla de su viva voz, se alegró de que hubiese regresado sano y salvo. Ya pronto estarían juntos de nuevo. Se vistió y salió ansiosa a buscarlo al aeropuerto. Mas la dicha le duró poco porque al abrir la puerta se topó con Larissa, que firme y silenciosa como una estatua la esperaba empuñando un mortal acero, como el que acababa de pintar.
Bien, ahora que lo leíste analízalo y haz estos ejercicios
1. ¿Te parece coherente y sorprendente el final?
2. Busca las pistas que hacen coherente el final.
3. Describe una escena que no esté en el cuento, pero que te haya venido a la mente al leerlo.
4. Escribe tu propio final.
5. Investiga sobre "dosificación narrativa"
6. Escribe sobre un crimen (estafa, robo, etc, menos un as*****to) en el que ya hayan atrapado al culpable
Si quieres, me envías tus ejercicios a [email protected]