Ethic's Management

Ethic's Management Ethics is part of the philosophy, encompassing right conduct and true life. It is beyong right and wrong. It is simple living a "human life".

Maybe pay more attention to the condition of man. Know yourself to know others.

La hija se acerca a su padre y le dice: “Papá, por favor, necesito de su apoyo… necesito que me celebren mis quinceañero...
07/14/2024

La hija se acerca a su padre y le dice: “Papá, por favor, necesito de su apoyo… necesito que me celebren mis quinceañeros.
Se que para un quinceañero hace faltan mucho dinero, por favor, pidan prestado ese dinero y les prometo que luego voy a estudiar.”

¿Para tu quinceañera? Preguntó sorprendido el padre. ¿Y cuánto va a costar el quinceañero ?
Todo el presupuesto de mis amigas es algo de 30 mil dólares… son más de 100 invitados… Papá, tú me Dijiste que si algún día necesitaba de tu ayuda podía acercarme a ti… solo quiero que me hagas la fiesta.

El padre se acercó a su hija y en tono amable le dice: “Ve a buscar a tu madre, los espero…”

Al rato llegaron mamá e hija. El padre les mostró su afecto y les dijo que estaba orgullo de tenerla como hija.

Luego el padre dice:
He oído que se gastan como 30 mil dólares en la fiesta y necesitan que apoye …
Si. - dice el hija. Te quiero mucho, Papá. Vamos a dar una gran recepción y vamos a impresionar a mis amigas.

¿Y por qué quieren tener una gran fiesta? Preguntó el padre?
Bueno, es mi gran día. - respondió hija que siempre ha soñado con una gran celebración. Ya sabes, es el sueño de toda quinceañera …

El padre se dirigió a la hija y le preguntó: ¿Has soñado con una gran quinceañero o con ir a la universidad y tener tu propia movilidad ?
La chica, sonriendo, dijo: “bueno, si lo pone así, claro que con un auto podría ir y venir a la universidad …”

El padre miró a la madre e hija y dijo:

La fiesta dura una noche… la vida como una señorita es lo que empieza después. Quiero que escuchen esto y vean que lo hago con la mejor intención. ¿Por qué gastar 35mil dólares en un quinceañero? ¿Quieren que empiece con deudas en vísperas de empezar tus estudios universitarios? ¿Quieren endeudarme para impresionar a personas que realmente, la mayoría de ellas, ni siquiera están interesadas en que ustedes tengan una buena celebración?

Luego el Papá dijo: "Déjame compartirles una historia. Cuando éramos jóvenes nuestros padres gastaron mucho dinero para la época. Se endeudaron. Vinieron los invitados a la fiesta, comieron, bailaron, tomaron fotos, dijeron que bonito que está todo, luego cada uno se fue a su casa y nuestros padres quedamos endaudos.

Todos los problemas por lo que nuestros padres pasamos, a nadie le importó, incluso la familia no podía hacer mucho. Todo el mundo está ocupado viviendo su vida. Cuando las cosas se pusieron difíciles, muchos conocidos murmuraban sobre nuestras familias, algunos incluso parecían felices de que nuestra familia estaba en problemas"

He visto este guion repetido una y otra vez. Las quinceañeras se estresan el día de su fiesta, ni siquiera pueden disfrutar, padres enojadas con amigos que no los apoyan financieramente, lo peor es empezar en deudas o luchando financieramente.

El Papá continuó hablando: ¿Sabes que un quinceañero no tiene que costar tanto, no tiene que ser estresante, no tiene que estar llena de gente que tal vez nunca volverá a hablar contigo?

En ese momento la hija dijo: Papá, si no quieres o no puedes complacer está bien, lo entiendo, pero no tienes que darme todo este sermón…

La madre dijo: “No mi hija, en realidad siento que tu Papá tiene razón. Me parece que lo mejor es una celebración pequeña, más íntima, más familiar… y eso es más económico, y más sabio.”

El papá volvió a tomar la palabra: "Hija, en todos los años has sido una buena hija, nunca has llegado a mí pidiendo, pero ahora lo haces… y vienes a pedirme para tu quinceañero. Eso no es de una persona inteligente. ¿Pidiendo que me endeude para montar un espectáculo? Yo miro más allá, miro tu futuro, tus estudios, tu carrera …

Si vas a celebrar para impresionar a tus amigas no es sabio. Y es mi deber decírtelo.

Hija mía, cuando seas mayor y seas profesional y tengas tus hijos te vas a dar cuenta que lo importante no es impresionar a los demás, sino el ser feliz. NO gastemos dinero en las apariencias. Mejor compra un auto, estudia en la universidad que deseas, o , vete de viaje con tus amigas, empieza un fondo para tu educación …

El apóstol enseña: “Hijos, obedeced a tus padres en el Señor; porque esto es justo. Honra a tu padre y a tu madre, tal es el primer mandamiento que lleva consigo una promesa: para que seas feliz y se prolongue tu vida sobre la tierra» (Ef 6, 1-3; cf Dt 5 16)

CUANDO LOS ABUELOS, DESAPARECEN  DE LA VIDA FAMILIAR. . .Lo más tristes de la vida familiar es cuando la presencia de nu...
07/14/2024

CUANDO LOS ABUELOS, DESAPARECEN DE LA VIDA FAMILIAR. . .

Lo más tristes de la vida familiar es cuando la presencia de nuestros abuelos desaparece para siempre en la vida familiar. Al desaparecer la figura de nuestros abuelos, damos por finalizados los encuentros con todos los miembros de la familia, que en ocasiones especiales cuando se juntan, enaltecen los apellidos, llevados siempre por el amor a los abuelos.

Cuando desaparecen los abuelos, damos por terminado las tardes de alegría con tíos, primos, nietos, sobrinos, padres, hermanos, e incluso, novios pasajeros que se enamoran del ambiente que allí se respira.

Ni siquiera hacia falta te re otros planes, estar con los abuelos es lo que toda la familia necesitaba para ser feliz.

Los reencuentros anuales familiares que pensábamos si serian la última vez... nos rehusamos aceptar que esto tenga fecha límite, que algún día todo también desaparecería las risas bromas y carcajadas serían un recuerdo ido de tal vez tiempos mejores.

Los años pasan mientras esperamos estos momentos, y sin darnos cuenta, pasamos de ser niños, a sentarnos junto a los adultos en la misma mesa, jugando desde las canicas, hasta el postre de la cena, porque cuando se estaba en familia, el tiempo no pasaba y ese postre era celestial.

En presencia de los abuelos siempre estaban las sillas, nunca se sabia si un primo traería a la enamorada, o a un amigo o al vecino, porque aquí todo el mundo era bienvenido. Siempre habría algo para picar o alguien dispuesto a hacerlo.

Bienvenidos eran todos los que venían a la reunión de los abuelos, aunque sean desconocidos, porque la gente de la calle de nuestros abuelos es nuestra gente, es nuestro pueblo.

Olvidar a los abuelos, es decir adiós a los mejores momentos de la vida!

PERDIMOS LA BATALLA Y PERDEREMOS LA GUERRA*un análisis crudo pero real*Los peruanos hemos enfrentado algunas guerras en ...
05/24/2020

PERDIMOS LA BATALLA Y PERDEREMOS LA GUERRA
*un análisis crudo pero real*

Los peruanos hemos enfrentado algunas guerras en nuestra historia republicana, y en la mayoría fuimos derrotados. Antes perdimos porque el enemigo tenía mejores armas y mayor número de soldados. Pero esta vez será distinto. Esta vez perderemos por los motivos más absurdos y vergonzosos.

Perderemos porque no aprovechamos una enorme ventaja que tuvimos: el factor tiempo. Cuánto desearían los italianos y españoles haber conocido la magnitud de esta epidemia con la misma anticipación que nosotros. Aquí, gracias a la prensa y las redes sociales, supimos desde enero que algo terrible estaba ocurriendo en China; pero pensamos que estaba demasiado lejos como para que nos alcanzara. Creímos que sería como aquellas epidemias que, de vez en cuando, se desatan en países africanos y nos confiamos en que pronto la ciencia le hallaría solución.

Perderemos porque, cuando llegó a Europa, mantuvimos la confianza en que aún seguía lejos y que tardaría mucho en llegar aquí, a pesar de que todos los días cientos de peruanos van y vienen, y que hacerlo les toma casi el mismo tiempo que viajar en bus de Chiclayo a Lima. Además, nos confiamos en que, si llegaba al Perú, el gobierno nos avisaría inmediatamente. Y así, recién a partir de entonces tendríamos cuidado.

Perderemos porque una vez anunciado el “caso cero” –y cuando el presidente inicialmente recomendó evitar las reuniones masivas– nosotros hasta hicimos colas para parrandear y lo justificamos desdeñosamente diciendo que recién había un solo infectado en el Perú y que la enfermedad mataba solo a los viejitos. Y ahora que el sistema de salud ha colapsado, resulta que se formaron dos largas colas: una donde trasnochamos esperando por una cama de hospital y otra donde pugnamos por comprar cajas de cerveza. Porque ni frente a la más grande calamidad dejamos de lado nuestros vicios.

Perderemos porque no somos como los habitantes de Vietnam, un país vecino de China y que tiene mucha más pobreza económica que el Perú. Allá, el primer infectado se detectó casi dos meses antes que en el Perú; ellos inmediatamente establecieron una cuarentena que funcionó en solo un mes, con unos cuantos contagiados y ningún fallecido a causa del virus. ¿Y por qué funcionó? Pues porque sus habitantes son responsables y disciplinados. No es casualidad que fueran el único pueblo en el mundo que enfrentó una guerra contra los Estados Unidos y la ganó.

Perderemos porque, cuando el gobierno peruano trató de imitar el ejemplo de ese país, nosotros los ciudadanos no tuvimos la capacidad para hacerlo. ¿Por qué? Pues porque somos indisciplinados, desordenados, rebeldes, insolidarios, egoístas, oportunistas, y un largo etcétera. Porque hace tiempo nuestros antepasados alcanzaron un nivel humano denominado cultura Inca; sin embargo, ahora nosotros hemos degenerado hasta un nivel llamado “cultura combi”. Somos reacios a acatar unas simples reglas de prevención e higiene, pero somos efusivos para atacar al gobierno y culparlo del desastre que nosotros mismos provocamos.

Perderemos porque no recapacitamos ni siquiera cuando llegaron videos de Guayaquil, Ecuador, que mostraban a la gente desesperada quemando cadáveres de sus parientes en las calles. Al verlos dijimos: “¡Qué terrible!... Pero no hay problema porque Vizcarra ya cerró la frontera”. Como si la muerte supiera de fronteras. Ahora vamos por ese mismo camino y hacia el mismo escenario, sobre todo en Lambayeque, Loreto, Lima. Entonces, ya es muy tarde, alguno de ellos será nuestro abuelo, nuestro padre, nuestro hermano… o nuestro hijo.

Perderemos porque tenemos miedo de ser contagiados por los mu***os, por aquellos cadáveres que ya no respiran ni estornudan ni tosen y, por ende, no expulsan micropartículas de saliva –esas que contienen el virus–. Sin embargo, no tenemos miedo de interactuar con el vecino, con el bodeguero, con el comerciante, con nuestros clientes. Mientras no estornuden, presumimos que no llevan consigo el virus; y creemos que usar una mascarilla equivale a llevar puesto un traje de bioseguridad.

Perderemos porque fuimos al colegio solo a calentar carpeta; ello acarreó nuestra escasa cultura general. Cuando quisieron cavar una fosa común en un descampado de nuestro distrito, nos opusimos enérgicamente a ello argumentando que el virus saldría de los cadáveres, “caminaría” por el subsuelo y brotaría hacia la superficie para infectarnos. ¡Caray! No sabemos siquiera la diferencia entre un virus, una bacteria y una lombriz de tierra. Y probablemente hasta sintamos temor de que los cuerpos despierten como zombis por la noche y vengan hacia nuestras casas a atacarnos.

Perderemos porque creemos en las palabras de una niña, por el simple hecho que ella aseguró haber “conversado” con Dios. En cambio, no hacemos caso a las súplicas de nuestras autoridades, a pesar de que sus recomendaciones provienen de la ciencia. Porque todavía en estos tiempos, en vez de acudir a un médico, le confiamos nuestra salud a un brujo que nos ofrece yerbas, o a un pastor de iglesia solo porque nos asegura que Dios le dio poderes sanatorios.

Perderemos porque cuando fuimos al banco, donde se formaba una cola y la gente aún guardaba cierta distancia, nosotros aprovechamos el descuido de alguien para “zamparnos” en ella. Porque con nuestra viveza y criollada generamos desorden y provocamos que se formaran los peligrosos “trencitos”. Porque para nosotros comprar significa exigirle al vendedor que nos atienda primero e implica apegarnos al mostrador para evitar que otro se nos adelante.

Perderemos porque no somos empáticos. Porque un día enfermamos, nos detectaron el virus y nos ordenaron no salir de casa. Pero, al ver que nuestros síntomas eran mínimos, decidimos abrir nuestro puesto en el mercado y le vendimos nuestros productos al prójimo, quienes de yapa se llevaron el virus. Porque en nuestra farmacia multiplicamos hasta por cinco el precio del alcohol, pese a que las fábricas lo siguen produciendo con normalidad y casi al mismo precio de siempre.

Perderemos porque, una vez finalizada la cuarentena, volveremos a nuestra rutina. Nuevamente abarrotaremos el micro, la combi y el colectivo, con la mascarilla mal puesta y confiando en que el cobrador y el resto de pasajeros estarán sanos. Por prevención, saludaremos y despediremos a nuestros amigos chocando los codos; pero nos jugaremos con ellos una pichanga sin importar que nuestros gases pulmonares se entremezclen dentro de la cancha. Nos reuniremos a tomar unos tragos con ellos, obviamente cada quien con su vaso; pero en una de esas, “sin querer queriendo”, nos contagiaremos y llevaremos el virus a casa.

Perderemos porque, una vez que los restaurantes implementen el sistema de ventas por delivery, confiaremos en que el propietario será riguroso con su personal en la higiene y prevención del Covid-19. Sí, ese mismo restaurante que suele tener como huéspedes a cucarachas y ratas. Pero nosotros, al ver que su repartidor usa gorro, mascarilla y guantes, confiaremos en que todo está bien con la comida que nos llevaremos a la boca.

Perderemos porque pudimos haber ganado esta guerra en menos de un mes. Nuestro aparato económico pudo haber resistido y todas las actividades haberse reestablecido con una mínima recesión. Pero simple y llanamente no quisimos. Preferimos ser los mismos de siempre; quizá hasta peores que nunca. Ahora se nos viene una de las mayores crisis económicas y sociales de la historia. Si antes del coronavirus ya abundaban la informalidad, la violencia y la delincuencia, lo que sigue es más que desalentador.

Perderemos porque, así como en el fútbol, para ganar una copa mundial no basta con mandar al campo once peloteros y pedirles que imiten el sistema de juego de los últimos campeones. Para lograrlo es necesario, además, contar con futbolistas de ese mismo nivel. Entonces, no se trataba de imitar una medida de aislamiento que funcionó en otros países; era necesario que nosotros actuemos como los ciudadanos vietnamitas, chinos, coreanos o japoneses. Pero no tenemos ese nivel cultural; esta vez, como nunca antes, nos hemos comportado como verdaderos peruanos.

Hemos aprendido (más bien hemos sido adoctrinados en) una idea de la “naturaleza humana”, en el sentido de que “somos eg...
05/22/2020

Hemos aprendido (más bien hemos sido adoctrinados en) una idea de la “naturaleza humana”, en el sentido de que “somos egoístas por naturaleza”, que conduce “naturalmente” a una idea de racionalidad económica y del hombre centrada en la maximización de los beneficios. En otras palabras, considera al hombre como si sólo fuera un agente racional, entendiendo por racional el que sigue un comportamiento maximizador sin sentimientos ni valores morales que, además, ignora las relaciones con el medio ambiente y se olvida de que dependemos de él.

De hecho al aprendizaje pues aprendemos a no ver lo que tenemos delante ni aquello que es vital para poder vivir como seres humanos. Hemos perdido la conciencia de nuestra dependencia de la naturaleza y de que somos naturaleza, en definitiva, hemos perdido (nos han enseñado a perder) la conciencia de nosotros mismos y no nos hemos enterado.
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Entre los humanos, las trampas se camuflan presentándolas como leyes de la naturaleza.
La afirmación de que , y lo es desde los genes hasta la moral. Una teoría económica ha convertido esta tesis, con el apoyo de las modernas máquinas de cómputo, en una nueva ley natural” (Schirrmacher 2014: 9-10).
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Por otro lado se separa lo público de lo privado y lo individual de lo colectivo, como si esta separación fuese real y beneficiosa, mientras que el mercado libre se presenta como si fuera algo opuesto a la aplicación de reglas, es decir, como si la libertad fuera ajena a las reglas, que se suelen calificar de “intervención no deseable” excepto cuando esas reglas benefician al capital, es decir, a los poderosos.
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Para dar ‘legitimidad’ a esta enseñanzas se nombra responsable a autores como Adam Smith, al que los estudiantes apenas leen “todo lo que hay que aprender está en los Manuales” que transforman la economía en una serie de ejercicios cuyo dominio permite aprobar los cursos a la vez que hace creer que se está aprendiendo realmente economía. Se confunde aprobar y repetir “ideas” con aprender a pensar por cuenta propia.
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autores como Smith y Marx son, una llamada muy clara a que la economía sea protagonizada por seres humanos, es decir, a la humanización de la economía, a que esté al servicio del hombre (y de la comunidad), entendiendo al hombre como un ser que siente y cuyo objetivo no es, principalmente, la mejora material sino su crecimiento humano, su vinculación con él mismo, con los demás y con la naturaleza.
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El futuro de la economía integrada y no disociada, al servicio de las personas consiste en que pensar como un economista vaya a favor de los seres humanos y de la comunidad, lo contrario es lo que estamos viviendo actualmente, basado en la violencia, y sólo nos lleva a más violencia y más sufrimiento en la mayoría de los países y para la mayoría de las personas
7
Las advertencias para salirnos de esta economía disociada que ignora y empobrece al ser humano, tanto desde el punto de vista intelectual como psíquico, además de empobrecer materialmente a la mayoría, no son nuevas pero han sido sistemáticamente ignoradas y, cuando esto no era posible, se descalificaban.

Morin ha expresado el problema de la disociación. “La economía, la ciencia social más avanzada matemáticamente, es la más retrasada social y humanamente, pues se abstrae de las condiciones sociales, históricas, políticas, psicológicas y ecológicas que son inseparables de las actividades económicas…La inteligencia parcelada destruye en embrión toda posibilidad de comprensión y reflexión. Incapaz de enfocar el contexto y el complejo planetario, la inteligencia ciega se vuelve inconsciente e irresponsable. Se ha vuelto mortífera”. (Morin 1993: 67). De ahí la hipotética y disparatada pretensión de esta economía disociada de creer que ofrece una “racionalidad universal”.
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Sin embargo, Aguilera (2010 y 2013). La idea de deshumanización no abarca sólo el contenido de lo que se estudia sino también la influencia en la actitud psicológica de los estudiantes que acaban por “jugar” a creer que han aprendido.

En este sentido, los estudiantes, fruto de su propia observación, son muy relevantes pues todo estudiante necesita creer que el esfuerzo dedicado a estudiar-aprender-aprobar unas materias y unas lógicas tiene que servir para algo, aunque sólo sea para salir de la universidad y/o convertirse en profesor sin preguntarse qué significan esas lógicas y así perpetuar el sistema de desviar la atención. ¿Qué estamos haciendo en la Universidad?
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Galbraith, enseña y sobre cómo se nos enseña a todos a no ver que la economía es un ‘fraude’, inocente, en el sentido de que “…quienes participan en él no lo reconocen explícitamente como tal (…) Una parte de este fraude es consecuencia de la economía tradicional y la manera en que ésta se enseña, otra tiene su origen en concepciones rituales de la vida económica.
Estas últimas pueden apoyar con claridad intereses individuales y colectivos y, en particular, como cabría esperar, los de los miembros más afortunados, mejor relacionados y políticamente destacados de la comunidad, y pueden adquirir la respetabilidad y la autoridad del conocimiento cotidiano.
De esta forma, determinado punto de vista sobre la vida económica no aparece como creación de un individuo o de un grupo en particular sino como algo natural e incluso justo.” (Galbraith 2004: 13-14), pero sigue siendo un fraude.
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Hablar de sistema de mercado en lugar de capitalismo “…carece de sentido; es una fórmula errónea, insípida, complaciente (…) Hoy se cree que las empresas y los capitalistas particulares carecen de poder; y el hecho de que el mercado esté sujeto a una dirección corporativa hábil y completa ni siquiera se menciona en la mayor parte de los cursos de economía. En esto reside el fraude.” (Ibid: 24-25). (La negrita es mía). Hay muchos más fraudes que Galbraith va desgranando capítulo tras capítulo y que se siguen enseñando como algo científico.
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Estas críticas son sistemáticamente ignoradas y se sigue manteniendo, en esencia, el mismo núcleo teórico de la enseñanza de la licenciatura y de posgrado. Este comportamiento, consistente en negar la evidencia empírica manteniendo sin cambiar la misma teoría, ha sido considerado como un comportamiento delirante, “…los “economistas” han producido un discurso propio que “explica” lo que sucede en unos términos idiosincrásicos y tiene la característica peculiar de no modificarse aunque sus predicciones no se cumplan o los hechos parezcan desmentirlo. Los profesionales de la salud mental trabajamos con personas que mantienen discursos con características semejantes”, (Fernández Liria 2013: 140), y es importante no perder de vista que ese comportamiento se enseña como actitud y como lógica habitual en las Facultades de economía de todo el mundo, es decir, es legitimado como si fuera algo científico por la propia Universidad.
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Leontief (1982) hace un diagnóstico que muestra muy acertadamente tres de los principales problemas que sigue manteniendo la economía académica y que son a) Su aislamiento de las demás disciplinas, su separación, podemos decir, b) Su insistencia en la obediencia o en la sumisión como método y c) Su irrelevancia.

La combinación del aislamiento, la sumisión y la irrelevancia es totalmente empobrecedora para el estudiante, tanto desde el punto de vista intelectual como desde el punto de vista psíquico, pues lo enajena de la realidad y de sí mismo, es decir, lo deshumaniza.

La realidad es que esa obediencia, ese aislamiento y ese comportamiento delirante han ido llevando a la economía académica a enajenarse cada vez más, es decir, a separarse o disociarse del ser humano, de la ética, de los sentimientos y de los valores, de la naturaleza, del mercado como construcción humana sometida a reglas, del poder, del “nosotros” como si nuestro estilo de vida fuera independiente del estilo de vida de otras personas y países (“ellos”)
En definitiva,La opulencia no tiene nada que ver con el despojo. La memoria rota nos hace creer que la riqueza es inocente de la pobreza, que vienen de la eternidad y que así son las cosas” (Galeano 1998: 35).
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Erich Fromm (1994) “patología de la normalidad”, en el sentido de que nos acostumbramos a ver y convivir con una realidad enferma, patológica y, además, la justificamos y nos adaptamos a ella pero, al mismo tiempo, estamos esencialmente disociados de ella pues no “vemos” con claridad qué es lo que está ocurriendo, como muy bien expresa Galeano, e incluso negamos que nosotros nos comportemos de manera deshumanizada.

La razón, un capitalismo que necesita de un ‘hombre enajenado’ para poder funcionar pero misma enajenación nos impide vernos a nosotros como seres enajenados.
Con frecuencia criticamos al capitalismo y a otros “ismos” pero olvidamos que todo sistema necesita de personas que actúen y se comporten de determinada manera para funcionar y que somos las personas las que, consciente o inconscientemente, lo hacemos funcionar, por miedo, por convencimiento, por adoctrinamiento o porque no sabemos hacer otra cosa. Esto es lo que Kapp (1968) entiende por “hábitos de pensamiento institucionalizados”, pero lamentablemente, para la mayoría de los institucionalistas, las instituciones a las que prestan habitualmente atención, siguen siendo las reglas de juego y el poder pero no las instituciones consideradas, también, como hábitos de pensamiento y de comportamiento que son las que nos pueden permitir o impedir (adoctrinamiento) hacernos las preguntas relevantes y empezar a pensar con claridad y libertad. “Ningún hombre mira jamás el mundo con ojos prístinos. Lo ve a través de un definido equipo de costumbres e instituciones y modo de pensar (…) La historia de la vida del individuo es ante todo y sobre todo una acomodación a las normas y pautas tradicionalmente transmitidas por la comunidad (…) La uniformidad de la costumbre, de la perspectiva que ve extenderse a su alrededor, le parece bastante convincente, y en verdad esconde ante él un accidente histórico. Acepta sin mayor dificultad la equivalencia entre la naturaleza humana y sus propias modalidades culturales” (Benedict 1967: 9-18).
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Dentro de este adoctrinamiento, destaca el egoísmo entendido como algo consustancial a la naturaleza humana y repetido hasta la saciedad mediante el aforismo según el cual “el hombre es lobo para el hombre”, algo que es falso puesto que el lobo es el animal más cooperativo, la idea se sigue repitiendo como si fuera verdad, nos la creemos y la hacemos nuestra aunque nuestro comportamiento habitual no sea así. “Este proverbio romano resume la visión asocial que continúa inspirando al derecho, a la economía y a las ciencias políticas…Ser egoísta es inevitable y necesario, pero sólo hasta cierto punto… somos el producto de fuerzas opuestas, como la doble necesidad de velar por los intereses opuestos y la de congeniar”. (De Waal 2007: 234). El resultado de esta visión asocial, que se enseña como si fuera científica y acorde con la naturaleza humana y que se legitima en las universidades es el disparate más absoluto. Además, resulta que la realidad nos demuestra lo contrario, a saber, que “Los Homo sapiens están adaptados para actuar y pensar cooperativamente. A partir del primer año de vida los niños ya muestran inclinación por cooperar, no aprenden esa actitud de los adultos: es algo que les nace”. (Tomasello 2010: 24).
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¿Por qué no continuamos con esa inclinación innata?
Porque la educación que recibimos nos la ‘desactiva’, consciente o inconscientemente, adoctrinándonos con esquemas de competencia o de lucha. Esto es lo que sugiere Damasio “…los seres humanos poseen mecanismos innatos…que son la base probable de algunas estructuras éticas. Sin embargo, las convenciones sociales y las estructuras éticas más complicadas por las que vivimos han de haber surgido culturalmente y haberse transmitido de la misma manera”. (Damasio 2006: 298). Y al haber sido “aprendidas” parecen tener más legitimidad que las estructuras innatas a pesar de que sintamos que no somos como nos hacen creer que somos. Nos enajenan de nosotros mismos, nos alejan de nosotros y nos hacen desconfiar y dudar de nuestras percepciones genuínas.
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Y sin embargo, De Waal dice que, “La condición natural de nuestro linaje es de vinculación y apoyo…Las explicaciones de los orígenes humanos que no tienen en cuenta esta profunda conexión y nos presentan como solitarios que se reunieron de mala gana ignoran la evolución primate (…) No siempre actuamos como los economistas piensan que deberíamos…porque somos menos egoístas y menos racionales de lo que los economistas suponen que somos. Los economistas están siendo adoctrinados en una maqueta de la naturaleza humana que dan por buena hasta tal punto que su propio comportamiento ha comenzado a parecerse a ella. Los mamíferos sociales, en cambio, conocen la confianza, la lealtad y la solidaridad (…) los chimpancés no dejan atrás. La reciprocidad les permite construir la clase de sistema de apoyo social que muchos economistas ven como una quimera (…) Estamos tan atados a una psicología humana conformada por millones de años de vida en comunidades pequeñas, que de algún modo necesitamos estructurar el mundo que nos rodea de una manera reconocible para dicha psicología. Si pudiéramos conseguir ver a la gente de otros continentes como parte de nosotros e integrarla en nuestro círculo de reciprocidad y empatía, estaríamos construyendo sobre nuestra naturaleza y no yendo contra ella” (DeWaal 2007: 233-247).
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El problema es que las Facultades de economía insisten en enseñar una perspectiva más centrada en el juego que dan de sí las matemáticas que en comprender la economía real. “Me aventuré en ir más allá de las matemáticas y pregunté a mis estudiantes cuestiones cuyo objetivo era expresar cómo iban ellos absorbiendo la economía que subyacía en las matemáticas…Me dí cuenta de que para esos estudiantes la economía era sólo parte del juego de los estudios de licenciatura: aquellos que lo jugaban bien se aseguraban trabajo y sustento mientras que los que lo jugaban mal se dedicarían a ser taxistas. Hacerlo bien significa dominar el formalismo matemático no necesariamente comprender la economía” (Marglin 2008: xiii).

1.-Los economistas hemos recibido una enseñanza de la economía que nos lleva a no poder relacionar ni comprender adecuad...
05/22/2020

1.-Los economistas hemos recibido una enseñanza de la economía que nos lleva a no poder relacionar ni comprender adecuadamente las cuestiones que tratamos de estudiar. Hemos aprendido (más bien hemos sido adoctrinados en) una idea de la “naturaleza humana”, en el sentido de que “somos egoístas por naturaleza”, que conduce “naturalmente” a una idea de racionalidad económica y del hombre centrada en la maximización de los beneficios. En otras palabras, considera al hombre como si sólo fuera un agente racional, entendiendo por racional el que sigue un comportamiento maximizador sin sentimientos ni valores morales que, además, ignora las relaciones con el medio ambiente y se olvida de que dependemos de él. De hecho el medio ambiente desaparece de nuestras estructuras mentales y emocionales gracias al aprendizaje recibido pues aprendemos a no ver lo que tenemos delante ni aquello que es vital para poder vivir como seres humanos. Hemos perdido la conciencia de nuestra dependencia de la naturaleza y de que somos naturaleza, en definitiva, hemos perdido (nos han enseñado a perder) la conciencia de nosotros mismos y no nos hemos enterado.
2
“Todos los tramperos disimulan sus trampas (…) Entre los humanos, las trampas se camuflan presentándolas como leyes de la naturaleza. Como por ejemplo la afirmación de que , y lo es desde los genes hasta la moral. Una teoría económica ha convertido esta tesis, con el apoyo de las modernas máquinas de cómputo, en una nueva ley natural” (Schirrmacher 2014: 9-10).
3
Por otro lado se separa lo público de lo privado y lo individual de lo colectivo, como si esta separación fuese real y beneficiosa, mientras que el mercado libre se presenta como si fuera algo opuesto a la aplicación de reglas, es decir, como si la libertad fuera ajena a las reglas, que se suelen calificar de “intervención no deseable” excepto cuando esas reglas benefician al capital, es decir, a los poderosos.
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Para dar ‘legitimidad’ a este tipo de enseñanzas se nombra como responsable de este tipo de pensamiento a autores como Adam Smith, al que los estudiantes apenas leen (y los profesores tampoco), pues “todo lo que hay que aprender está en los Manuales” que transforman la economía en una serie de ejercicios cuyo dominio permite aprobar los cursos a la vez que hace creer que se está aprendiendo realmente economía. Se confunde aprobar y repetir “ideas” con aprender a pensar por cuenta propia.
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Mi intención es mostrar, de manera resumida, que en los textos de autores como Smith y Marx hay, fundamentalmente, una llamada muy clara a que la economía sea protagonizada por seres humanos, es decir, a la humanización de la economía, a que esté al servicio del hombre (y de la comunidad), entendiendo al hombre como un ser que siente y cuyo objetivo no es, principalmente, la mejora material sino su crecimiento humano, su vinculación con él mismo, con los demás y con la naturaleza.
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Necesitamos poner en práctica lo que sugería Mishan hace más de sesenta años al señalar que “Las propuestas detalladas resultan secundarias con respecto a lo que yo juzgo que debe ser la principal tarea: convencer a la gente de la necesidad de un cambio radical en la manera habitual de observar los acontecimientos económicos” (Mishan 1971: 11). Se trata de trabajar hacia el objetivo de la integración frente a la situación actual de completa disociación, como muestra el Cuadro 1, para evitar que “pensar como un economista vaya en contra de la comunidad”, como reza el subtítulo del libro de Marglin, The dismal science (2008). El futuro de la economía integrada y no disociada, al servicio de las personas consiste en que pensar como un economista vaya a favor de los seres humanos y de la comunidad, lo contrario es lo que estamos viviendo actualmente, basado en la violencia, y sólo nos lleva a más violencia y más sufrimiento en la mayoría de los países y para la mayoría de las personas
7
Las advertencias para salirnos de esta economía disociada que ignora y empobrece al ser humano, tanto desde el punto de vista intelectual como psíquico, además de empobrecer materialmente a la mayoría, no son nuevas pero han sido sistemáticamente ignoradas y, cuando esto no era posible, se descalificaban. Quizás sea Morin uno de los autores que de manera más clara ha expresado el problema de la disociación. “La economía, la ciencia social más avanzada matemáticamente, es la más retrasada social y humanamente, pues se abstrae de las condiciones sociales, históricas, políticas, psicológicas y ecológicas que son inseparables de las actividades económicas…La inteligencia parcelada destruye en embrión toda posibilidad de comprensión y reflexión. Incapaz de enfocar el contexto y el complejo planetario, la inteligencia ciega se vuelve inconsciente e irresponsable. Se ha vuelto mortífera”. (Morin 1993: 67). De ahí la hipotética y disparatada pretensión de esta economía disociada de creer que ofrece una “racionalidad universal”.
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Sin embargo, desde dentro de la economía las críticas son muy importantes también. Para no repetirme, remito al lector a Aguilera (2010 y 2013). La idea de deshumanización no abarca sólo el contenido de lo que se estudia sino también la influencia en la actitud psicológica de los estudiantes que acaban por “jugar” a creer que han aprendido. En este sentido, las pinceladas psicológicas sobre los estudiantes, fruto de su propia observación, son muy relevantes pues todo estudiante necesita creer que el esfuerzo dedicado a estudiar-aprender-aprobar unas materias y unas lógicas tiene que servir para algo, aunque sólo sea para salir de la universidad y/o convertirse en profesor sin preguntarse qué significan esas lógicas y así perpetuar el sistema de desviar la atención. Pero las quejas siguen siendo importantes y desatendidas, tal y como ocurre con la reflexión más reciente de Morin (2001) sobre la necesidad de aplicar el “diezmo epistemológico” en la Universidad, es decir, de dedicar el 10 por 100 del presupuesto a preguntarse ¿Qué estamos haciendo en la Universidad?
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Galbraith, en lo que algunos consideran como su “testamento económico”, retoma y amplía algunas de las ideas sobre las que ya había escrito anteriormente para presentar un diagnóstico lúcido y contundente sobre la economía que se enseña y sobre cómo se nos enseña a todos a no ver que la economía es un ‘fraude’, inocente, en el sentido de que “…quienes participan en él no lo reconocen explícitamente como tal (…) Una parte de este fraude es consecuencia de la economía tradicional y la manera en que ésta se enseña, otra tiene su origen en concepciones rituales de la vida económica. Estas últimas pueden apoyar con claridad intereses individuales y colectivos y, en particular, como cabría esperar, los de los miembros más afortunados, mejor relacionados y políticamente destacados de la comunidad, y pueden adquirir la respetabilidad y la autoridad del conocimiento cotidiano. De esta forma, determinado punto de vista sobre la vida económica no aparece como creación de un individuo o de un grupo en particular sino como algo natural e incluso justo.” (Galbraith 2004: 13-14), pero sigue siendo un fraude.
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Hablar de sistema de mercado en lugar de capitalismo “…carece de sentido; es una fórmula errónea, insípida, complaciente (…) Hoy se cree que las empresas y los capitalistas particulares carecen de poder; y el hecho de que el mercado esté sujeto a una dirección corporativa hábil y completa ni siquiera se menciona en la mayor parte de los cursos de economía. En esto reside el fraude.” (Ibid: 24-25). (La negrita es mía). Hay muchos más fraudes que Galbraith va desgranando capítulo tras capítulo y que se siguen enseñando como algo científico.
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Estas críticas son sistemáticamente ignoradas y se sigue manteniendo, en esencia, el mismo núcleo teórico de la enseñanza de la licenciatura y de posgrado. Este comportamiento, consistente en negar la evidencia empírica manteniendo sin cambiar la misma teoría, ha sido considerado como un comportamiento delirante, “…los “economistas” han producido un discurso propio que “explica” lo que sucede en unos términos idiosincrásicos y tiene la característica peculiar de no modificarse aunque sus predicciones no se cumplan o los hechos parezcan desmentirlo. Los profesionales de la salud mental trabajamos con personas que mantienen discursos con características semejantes”, (Fernández Liria 2013: 140), y es importante no perder de vista que ese comportamiento se enseña como actitud y como lógica habitual en las Facultades de economía de todo el mundo, es decir, es legitimado como si fuera algo científico por la propia Universidad.
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Leontief (1982) hace un diagnóstico que muestra muy acertadamente tres de los principales problemas que sigue manteniendo la economía académica y que son a) Su aislamiento de las demás disciplinas, su separación, podemos decir, b) Su insistencia en la obediencia o en la sumisión como método y c) Su irrelevancia. La combinación del aislamiento, la sumisión y la irrelevancia es totalmente empobrecedora para el estudiante, tanto desde el punto de vista intelectual como desde el punto de vista psíquico, pues lo enajena de la realidad y de sí mismo, es decir, lo deshumaniza. La realidad es que esa obediencia, ese aislamiento y ese comportamiento delirante han ido llevando a la economía académica a enajenarse cada vez más, es decir, a separarse o disociarse del ser humano, de la ética, de los sentimientos y de los valores, de la naturaleza, del mercado como construcción humana sometida a reglas, del poder, del “nosotros” como si nuestro estilo de vida fuera independiente del estilo de vida de otras personas y países (“ellos”) y, en definitiva, del objeto que, supuestamente, pretende estudiar y comprender. “La memoria del norte se divorcia de la memoria del sur. La acumulación se desvincula del vaciamiento. La opulencia no tiene nada que ver con el despojo. La memoria rota nos hace creer que la riqueza es inocente de la pobreza, que vienen de la eternidad y que así son las cosas” (Galeano 1998: 35).
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Es lo que Erich Fromm (1994) califica como la “patología de la normalidad”, en el sentido de que nos acostumbramos a ver y convivir con una realidad enferma, patológica y, además, la justificamos y nos adaptamos a ella pero, al mismo tiempo, estamos esencialmente disociados de ella pues no “vemos” con claridad qué es lo que está ocurriendo, como muy bien expresa Galeano, e incluso negamos que nosotros nos comportemos de manera deshumanizada. La razón, o al menos una de ellas, consiste en que es el propio capitalismo el que necesita un tipo determinado de ‘hombre enajenado’ para poder funcionar pero esa misma enajenación nos impide vernos a nosotros como seres enajenados. El Roto tiene un dibujo en el que una madre, con un hijo pequeño sentado en su regazo, miran hacia el horizonte mientras ella le dice “Para comprender a los adultos tendrás que esperar a hacerte mayor y perder el juicio”. Y eso es exactamente lo que parece ocurrir. Quiero decir que con frecuencia criticamos al capitalismo y a otros “ismos” pero dejando de lado que todo sistema necesita de personas que actúen y se comporten de determinada manera para funcionar y que somos las personas las que, consciente o inconscientemente, lo hacemos funcionar, por miedo, por convencimiento, por adoctrinamiento o porque no sabemos hacer otra cosa. Esto es lo que Kapp (1968) entiende por “hábitos de pensamiento institucionalizados”, pero lamentablemente, para la mayoría de los institucionalistas, las instituciones a las que prestan habitualmente atención, siguen siendo las reglas de juego y el poder pero no las instituciones consideradas, también, como hábitos de pensamiento y de comportamiento que son las que nos pueden permitir o impedir (adoctrinamiento) hacernos las preguntas relevantes y empezar a pensar con claridad y libertad. “Ningún hombre mira jamás el mundo con ojos prístinos. Lo ve a través de un definido equipo de costumbres e instituciones y modo de pensar (…) La historia de la vida del individuo es ante todo y sobre todo una acomodación a las normas y pautas tradicionalmente transmitidas por la comunidad (…) La uniformidad de la costumbre, de la perspectiva que ve extenderse a su alrededor, le parece bastante convincente, y en verdad esconde ante él un accidente histórico. Acepta sin mayor dificultad la equivalencia entre la naturaleza humana y sus propias modalidades culturales” (Benedict 1967: 9-18).
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Dentro de este adoctrinamiento, destaca el egoísmo entendido como algo consustancial a la naturaleza humana y repetido hasta la saciedad mediante el aforismo según el cual “el hombre es lobo para el hombre”, algo que es falso puesto que el lobo es el animal más cooperativo, la idea se sigue repitiendo como si fuera verdad, nos la creemos y la hacemos nuestra aunque nuestro comportamiento habitual no sea así. “Este proverbio romano resume la visión asocial que continúa inspirando al derecho, a la economía y a las ciencias políticas…Ser egoísta es inevitable y necesario, pero sólo hasta cierto punto… somos el producto de fuerzas opuestas, como la doble necesidad de velar por los intereses opuestos y la de congeniar”. (De Waal 2007: 234). El resultado de esta visión asocial, que se enseña como si fuera científica y acorde con la naturaleza humana y que se legitima en las universidades es el disparate más absoluto. Además, resulta que la realidad nos demuestra lo contrario, a saber, que “Los Homo sapiens están adaptados para actuar y pensar cooperativamente. A partir del primer año de vida los niños ya muestran inclinación por cooperar, no aprenden esa actitud de los adultos: es algo que les nace”. (Tomasello 2010: 24).
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¿Por qué no continuamos con esa inclinación innata? Porque la educación que recibimos nos la ‘desactiva’, consciente o inconscientemente, adoctrinándonos con esquemas de competencia o de lucha. Esto es lo que sugiere Damasio “…los seres humanos poseen mecanismos innatos…que son la base probable de algunas estructuras éticas. Sin embargo, las convenciones sociales y las estructuras éticas más complicadas por las que vivimos han de haber surgido culturalmente y haberse transmitido de la misma manera”. (Damasio 2006: 298). Y al haber sido “aprendidas” parecen tener más legitimidad que las estructuras innatas a pesar de que sintamos que no somos como nos hacen creer que somos. Nos enajenan de nosotros mismos, nos alejan de nosotros y nos hacen desconfiar y dudar de nuestras percepciones genuínas.
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Y sin embargo, siguiendo a De Waal vemos que, “La condición natural de nuestro linaje es de vinculación y apoyo…Las explicaciones de los orígenes humanos que no tienen en cuenta esta profunda conexión y nos presentan como solitarios que se reunieron de mala gana ignoran la evolución primate (…) No siempre actuamos como los economistas piensan que deberíamos…porque somos menos egoístas y menos racionales de lo que los economistas suponen que somos. Los economistas están siendo adoctrinados en una maqueta de la naturaleza humana que dan por buena hasta tal punto que su propio comportamiento ha comenzado a parecerse a ella. Los mamíferos sociales, en cambio, conocen la confianza, la lealtad y la solidaridad (…) los chimpancés no dejan atrás al desafortunado. Además, tienen maneras de tratar a los aprovechados, como rehusar la cooperación con aquellos que no cooperan. La reciprocidad les permite construir la clase de sistema de apoyo social que muchos economistas ven como una quimera (…) Estamos tan atados a una psicología humana conformada por millones de años de vida en comunidades pequeñas, que de algún modo necesitamos estructurar el mundo que nos rodea de una manera reconocible para dicha psicología. Si pudiéramos conseguir ver a la gente de otros continentes como parte de nosotros e integrarla en nuestro círculo de reciprocidad y empatía, estaríamos construyendo sobre nuestra naturaleza y no yendo contra ella” (DeWaal 2007: 233-247). (La negrita es mía). Algo en lo que coincide con lo planteado por Galeano más arriba.
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El problema es que las Facultades de economía insisten en enseñar una perspectiva más centrada en el juego que dan de sí las matemáticas que en comprender la economía real. “Me aventuré en ir más allá de las matemáticas y pregunté a mis estudiantes cuestiones cuyo objetivo era expresar cómo iban ellos absorbiendo la economía que subyacía en las matemáticas…Me dí cuenta de que para esos estudiantes la economía era sólo parte del juego de los estudios de licenciatura: aquellos que lo jugaban bien se aseguraban trabajo y sustento mientras que los que lo jugaban mal se dedicarían a ser taxistas. Hacerlo bien significa dominar el formalismo matemático no necesariamente comprender la economía” (Marglin 2008: xiii). En esa situación seguimos, con algunas voces críticas, pero sin llegar a expresar con claridad, por parte de los economistas, que “

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