03/10/2026
No pensé que fuera a doler tanto.
Creí que lo tenía claro… que era ley de vida.
Pero el día que mi mamá murió, se me rompió algo por dentro que no ha vuelto a pegarse.
No fue solo tristeza.
Fue culpa.
Por todo lo que no dije. Por todas las veces que dije “luego le llamo”, “después voy”, “ahorita no tengo tiempo”.
Y ahora el tiempo es lo único que me sobra… pero ya no está ella.
Las cosas cambiaron.
La casa ya no huele igual.
Hay silencio donde antes había preguntas, regaños, consejos, una risa que llenaba todo.
Y lo más duro es que el mundo sigue como si nada.
Como si ella no hubiera existido.
Pero para mí… hay días en los que todo gira alrededor de su ausencia.
Días en los que quiero contarle algo y me acuerdo de golpe que ya no está.
Días en los que me canso y pienso: “si estuviera viva, me diría que descanse”.
Y no está.
Y lo peor es que me toca seguir, actuar normal, trabajar, sonreír.
Mientras por dentro me estoy acomodando a vivir sin su voz.
Nunca te repones del todo. Solo te acostumbras.
A no escucharla.
A no esperarla.
A llevarla por dentro, como quien carga algo que ya no se puede soltar.
Y ahí va uno.
Viviendo.
Con ella en el pensamiento…
y un n**o en el alma.