19/05/2026
La mirada de esta mujer no necesita explicación.
En sus ojos vive el cansancio de mucho tiempo esperando una respuesta… la angustia de no saber… la esperanza rota de abrazar nuevamente a su hijo.
Es la mirada de miles de madres venezolanas que han envejecido entre tribunales, cárceles, silencios y mentiras.
Mujeres que no duermen, que rezan, que preguntan, que lloran en silencio mientras el mundo sigue adelante como si su dolor no existiera.
Ella aún tenía la esperanza de encontrarlo.
Esperaba escuchar una verdad, una señal, una llamada, un milagro…
Pero incluso eso le fue negado. Le ocultaron la verdad mientras su corazón seguía aferrado al amor de madre, ese amor que nunca se rinde.
¿Hasta cuándo tanto sufrimiento para las mujeres venezolanas?
¿Hasta cuándo madres, esposas, hermanas e hijas tendrán que cargar el peso de una injusticia que consume la vida lentamente?
Porque detrás de cada preso —político o inocente— hay una familia condenada también.
Hay una madre que envejece llorando.
Una esposa que duerme abrazada al recuerdo.
Unos hijos creciendo entre ausencias.
Y lo más doloroso… es que muchos de estos casos corren el riesgo de quedar impunes, enterrados entre expedientes y olvido.
Pero hay miradas que el tiempo jamás podrá borrar.
Y la de esta señora quedará como el rostro del dolor, de la espera… y de una Venezuela que aún le debe justicia a sus mujeres.